martes, 1 de septiembre de 2009

Introducción VI

Edificio Telefónica














Quejas o La maja y el ruiseñor
Goyescas
Enrique Granados / 1909



Ignacio de Cárdenas y Pastor / Louis S. Weeks / 1929
Primer rascacielos erigido en España y Europa / 89 m.
Gran Vía / Madrid




Vuelva usted mañana

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Con los cuerpos alargados y fantasmagóricos del Greco al fondo, los amigos intelectua- les de Zuloaga -ensayistas y poetas del 98, los europeístas del 14- se preguntan: ¿qué es España? Cuando nos acercamos, se viene a la cabeza la galaxia Gutemberg de los cafés literarios del Madrid ateneísta, antecedidos por el Café del Príncipe frecuentado por Larra y Espronceda. Tan pronto como distinguimos a Baroja y a Ortega y Gasset entre los reunidos nos viene a la memoria una clase intelectual que habría de ser en muchas ocasiones el espejo y detonante de la crisis del Estado.

"Política y más política. ¿Qué otro recurso me queda? Verdad es que de política no entiendo una palabra. Pero ¿en qué niñerías me paro? ¡Si seré yo el primero que escriba política sin saberla! Manos a la obra; junto palabras y digo: conferencias, protocolos, derechos, representación, monarquía, legitimidad, notas, usurpación, cámaras, cortes, centralizar, naciones, felicidad, paz, ilusos, incautos, seducción, tranquilidad, guerra, beligerantes, armisticio, contraproyecto, adhesión, borrascas políticas, fuerzas, unidad, gobernantes, máximas, sistemas, desquiciadores, revo- lución, orden, centros, izquierda, modificación, bill, reforma…"

Mariano José de Larra / La Revista Española / 1833

No se tratará de enlazar en este espacio una sucesión mecánica, insensata, sino una multiplicación de relatos en una galería de espejos. La misma multiplicación de ex- periencias que los poetas nos han confiado con su cántico universal de amor a la tie- rra, a Dios, y al hombre, roto el olvido del tiempo y la disparidad de las lenguas. No hay nostalgia. Y tampoco ninguna tristeza nocturna. La fuerza de encantamiento, de persuasión, respira por las imágenes: los mosaicos, las miniaturas, los cuadros, las construcciones, las tallas y retablos. De ahí que el cicerone que guía al lector haya querido ser lo contrario del cicerone convencional. Ha querido ser rápido, noticioso, sin oficiosidad; epigramático, sin merma del respeto. Información muy concreta, abre- viada, clara, racional. Como a un cuadro las cuatro rectas de su marco, tan rígidas limitaciones aprietan la voz de tan singular guía de viaje...


2 comentarios :

Olivier Franconetti Benamor dijo...

españa!...capital...Triana!...

"para mi yerto corazón herido"

Traianeum dijo...

Aunque la idea es sugestiva, o suicida, según se mire, quién sabe, me temo que don Manuel...

:)

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