lunes, 21 de marzo de 2011

PARLAMENTO DE ANDALUCÍA / Las Cinco Llagas (II)


Lunes, 21 de Marzo de 2011

Civitates Orbis Terrarum / Sevilla 1

George Braun / Frans Hogenberg / Gottfried von Kempen / Colonia / 1588 / Grabado / 33,5 x 47,1 cm.








LAS ETAPAS CONSTRUCTIVAS

De Martín de Gainza a Hernán Ruiz II







También dejaba establecido aquel nuevo documento pontificio otorgado por el papa Clemente VII quienes debían ser los patronos y visitadores del nuevo hospital. A tal efecto fueron designados los priores de los monasterios hispalenses de La Cartuja de Santa María de las Cuevas y San Jerónimo de Buenavista, así como un capitular del Cabildo catedralicio sevillano, quien, al declinar el nombramiento, hizo que el mismo recayera en un tercer superior, el del asimismo monasterio jerónimo de San Isidoro del Campo.

Monasterio de San Isidoro del Campo / Santiponce / Sevilla / Gótico - Mudéjar - Renacimiento - Barroco / Fundado en 1301 y convertido en panteón familiar de la Casa Medina-Sidonia por Guzmán el Bueno y su esposa -cuyos sepulcros 2 3, en los que destacan las figuras orantes de ambos, obras de Martínez Montañés, se atesoran en su interior-, fue durante siglos un centro cultural de primer orden. Su denominación, no en vano, remite a San Isidoro de Sevilla, cuyos restos mortales reposaron en la primitiva ermita que ocupó el lugar en que posteriormente se erigió el cenobio hasta el traslado de los mismos, en 1063, a la Real Colegiata de San Isidoro de León. Casi un milenio más tarde, también sería inhumado en este lugar Hernán Cortés, cuyos huesos serían asimismo removidos, en este caso, al otro lado del Atlántico, a Nueva España, hoy México.


Monasterio de San Jerónimo de Buenavista / Sevilla / Gótico flamígero - Renacimiento - Estilo herreriano - Barroco / Fundado en 1413 por Diego Martínez, fraile procedente del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, este cenobio, que albergó en su seno, además de la Imprenta de Indias, obras artísticas de, ente otros, Pietro Torrigiano, Murillo, Valdés Leal o Juan Espial, y que funcionó asimismo como hospedería, acogió, hasta que -como ocurrió con los de Santa María de las Cuevas y San Isidoro del Campo- lo arruinaron la invasión napoleónica -que expulsó a los monjes y propició su expolio y destrucción- y las desamortizaciones de principios del siglo XIX, la visita de numerosas e ilustres personalidades, entre las que se cuentan los Reyes Católicos, el César Carlos, Felipe II, Felipe IV, el ilustrado Ceán Bermúdez o el pintor Francisco de Goya.


Precisamente, los encargados de elegir la ubicación apropiada para erigir el nuevo hospital, como era preceptivo, serían los miembros del recién constituido triunvirato eclesiástico que habría de administrar la institución a lo largo de toda la Edad Moderna. La magnitud de la edificación -no en vano, con capacidad para 3.000 enfermos y, como ya vimos, tras el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, la de mayor envergadura del Renacimiento español-, las mejores condiciones de salubridad que se daban fuera del perímetro de las murallas y alto incremento que en los costes suponía hacerlo intramuros, fueron los factores determinantes que llevaron a los responsables de tomar esta primera y crucial decisión, a señalar un dilatado solar en las inmediaciones de la Puerta de la Macarena, extramuros, para que diera comienzo su contrucción.


Hospital de los Reyes Católicos, Hospital de Santa Cruz y Hospital Real de Granada / Plantas


Con el propósito de recopilar la información pertinente que permitiese dar forma a un edificio de esta tipología y dimensiones se convoca Francisco Rodríguez Cumplido, maestro mayor de la catedral y obispado de Cádiz, quien, con tal fin, viaja a Santiago y Toledo y Granada, cuyos hospitales 4 5 6 -erigidos por los Reyes Católicos bajo la dirección de Enrique Egas-, junto al del de Lisboa -ciudad que también visitó-, estaban llamados a inspirar las trazas del sevillano.

Hospital de las Cinco Llagas

Planta




Las mismas, en las que, en cualquier caso, también se aprecia la influcencia del Hospital Mayor de Milán, obra de Filarete que conoció personalmente don Fadríque durante su estancia en la capital lombarda, fueron
presentadas en noviembre de 1545.

Hospital Mayor de Milán

Planta





Hernán Ruiz el Joven, Pedro Machuca, Gaspar de Vega, Juan Sánchez, Luis de de Vega, los albañiles Diego Fernández y Benito de Morales, el mismo Francisco Rodríguez Cumplido y Martín de Gainza fueron algunos de los nombres más relevantes que se presentaron al concurso del que había de salir seleccionado el director de las obras… De este modo, y a pesar de los vehementes intentos del primero por hacerse con el puesto, para lo cual incluso recurrió al poco ortodoxo método del soborno –intentó ganarse el favor del Escribano Real, don Alonso García de Frías, entregándole 150 ducados-, finalmente fue el último, el por entonces maestro mayor de la Catedral hispalense, el designado. Su nombramiento que, envuelto en la polémica y la crítica, como no podía ser de otro modo, se formalizó después de numerosas deliberaciones del jurado el 30 de noviembre de 1545, permitió que tan sólo unos meses más tarde, el 25 de enero de 1546, con la apertura de las zanjas de cimentación, diesen comienzo las obras, colocándose la primera piedra el 12 de marzo de aquel mismo año.


Precisamente, para posibilitar el suministro de sillares, que arribarían a Sevilla desde El Puerto de Santa María y Morón de la Frontera, respectivamente, tanto por vía fluvial -remontando el Guadalquivir- como terrestre, hecho que por otra parte da una idea de la magnitud de la empresa, hubo de llevarse a cabo la reparación del embarcadero de dicha ciudad gaditana, así como la construcción de un nuevo muelle de desembarco en la capital hispalense y unas calzadas para carros que conectasen ésta con las canteras moronenses. Juan de Marquina quedaría al frente del contrato de la piedra, mientras que los ladrillos serían responsabilidad de fray Martín de Villalba, obrero del monasterio de San Jerónimo de Buenavista
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Hospital de las Cinco Llagas

Torre suroeste


Durante el mandato de Martín de Gainza, cuyo gusto por la estética tardoplateresca dota a la construcción de un cierto estilo Príncipe Felipe, se logró concluir en parte el ángulo suroccidental, es decir, las fachadas -que articula en dos pisos con una típica organización de pilastras cajeadas y la combinación de los órdenes dórico y jónico-, la torre y las dependencias y patios de los administradores, localizados en esta zona.



Su fallecimiento, que acontecerá de manera inesperada en 1556 en el transcurso de un viaje a la vecina y bellísima ciudad de Marchena, sin embargo, no supuso la interrupción de las obras pues, inmediatamente, al frente de las mismas se colocó al aparejador Martín de Baliarren, durante cuya gestión, concretamente, a finales de abril de 1558, se decide la dilatación de la longitud de la iglesia que ocupará el espacio central de la parcela en veinte pasos y la colocación de cruces sobre esferas áureas como remate para los chapiteles de las torres.


Dos meses más tarde, el 17 de junio, se confirma a aquel en su cargo y se designa al ambicioso, genial y, como ya hemos visto, antiguo y frustrado aspirante, al arquitecto de la catedral y obispado de Córdoba, Hernán Ruiz el Joven, que había sido nombrado tan sólo un año antes maestro mayor del templo metropolitano hispalense, asimismo, máxima autoridad de las obras del Hospital de las Cinco Llagas; decisión ésta que supuso en puridad la incorporación al proceso constructivo del mismo de una estética renovada que transformó el más o menos soterrado goticismo inicial que inspiró a sus predecesores en el cargo en la presencia de un auténtico manierismo, cuya significación habría de ser capital en la posterior historia de la arquitectura sevillana...


Hospital de las Cinco Llagas

Torre noroeste




Los primeros ámbitos de la intervención del nuevo director, en los cuales ya se hace patente la inclinación de éste por los juegos proporcionales y control del ornato, fueron el ala oeste y torre noroccidental; pero su contribución más notable al conjunto hospitalario lo constituirá el diseño y construcción de su iglesia que, por su innovadora tipología, estética y soluciones constructivas, se erigirá en paradigma para muchos nuevos templos a nivel local...



Iglesia de las Cinco Llagas

Planta y sección de la cubierta 7




Justamente, el antes citado incremento en las proporciones de la iglesia acordado poco antes de la incorporación de Hernán Ruiz el Joven a esta magna empresa, obligó a éste a replantear el proyecto en este ámbito; un ejercicio que, fruto de una profunda reflexión, le llevó a tomar la decisión de aislar constructivamente el templo del conjunto del hospital, es decir, a construir en el seno de aquel un edificio totalmente exento que, al quedar retranqueado espacialmente y ser dotado de una altura sensiblemente superior a la del resto del complejo, adquiriría una mayor monumentalidad...


Del mismo modo, los proyectos -debieron ser varios- para la iglesia fueron mejorando aspectos como la organización y la distribución espacial, así como los alzados y pormenores específicos de la fabrica que, en cualquier caso, y tras el acuerdo adoptado en una reunión celebrada el 28 de noviembre de 1558, se construiría siguiendo las directrices de la "traça antigua", lo cual implicaba, entre otras cosas, que se construirían cuatro capillas en cada uno de los flancos y que aquella se cubriría con bóvedas apoyadas sobre pechinas.


Hospital de las Cinco Llagas

Grabado del siglo XVII




Así, como corroboran las remesas de cantería procedentes de Jerez de la Frontera, debió quedar prácticamente concluido el cuerpo inferior de la iglesia en 1559, un año fundamental en cualquier caso, pues en el transcurso del mismo tuvo lugar el solemne traslado del Santísimo Sacramento, las enfermas y el material administrativo al ala del complejo que el vulgo ya conocía como "Hospital de la Sangre" que, a esas alturas, ya se encontraba acondicionado y operativo.


Sin embargo, el ritmo de la obras no fue siempre el mismo. Éstas sufrieron varios meses de interrupción por motivos económicos durante 1562, si bien no llegaron jamás a paralizarse por completo, como confirman la adquisición de piedra destinada a los arcos torales de la iglesia efectuada ese mismo año en El Puerto de Santa Maria, la contratación en 1563 de Juan Bautista Vázquez el Viejo, que se encargaría de los relieves de la portada principal del templo y la culminación del segundo cuerpo del mismo en 1567...


Sevilla desde el canal de Alfonso XIII





Hernán Ruiz el Joven, uno de los más notables arquitectos del siglo XVI andaluz y español, y autor del remate renacentista de la Turris Fortíssima, de la cervantina y quijotesca "giganta de Sevilla", icono secular e indiscutible de la capital bética, estuvo al frente de la construcción hospitalaria hasta su fallecimiento, que aconteció en el transcurso de la primavera de 1569... De su feliz y, al mismo tiempo, accidentado y polémico nombramiento como maestro mayor de las Cinco Llagas, no sólo dicha institución y el mismo fueron beneficiarios, sino Sevilla en su conjunto, ciudad en la que, sin abandonar completamente sus asuntos cordobeses, se estableció definitivamente y acrecentó notablemente su posición, dejando como legado en la misma a través de sus intervenciones, como es patente, una huella indeleble...




2.- Para ver el sepulcro de Guzmán el Bueno pinchar aquí
3.- Para ver el sepulcro de María Alonso Coronel, esposa de Guzmán el Bueno, pinchar aquí


HOY SUENA

Domenico Scarlatti / Siglo XVIII

Barroco

Sonata K 380 en Mi mayor


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jueves, 3 de marzo de 2011

PARLAMENTO DE ANDALUCÍA / Las Cinco Llagas (I)


Jueves, 3 de marzo de 2011

Vista del Hospital de las Cinco Llagas en 1688

Pier María Baldi / Viaje de Cosme III de Medici por España y Portugal Biblioteca Laurenciana / Florencia









FUNDACIÓN Y PATRONAZGO








El pasado lunes, como vimos, celebrábamos el Día de Andalucía, fecha emblemática donde las haya por estos lares que, no por casualidad, coincidió con el aniversario -el 19º- de la reapertura del antiguo Hospital de las Cinco Llagas, que acoge en su seno, desde 1992, una vez concluida la primera fase de su rehabilitación, la sede del Parlamento regional. Aprovechando tal efeméride y que se trata de una de las arquitecturas más bellas e importantes del Renacimiento hispalense -y también del andaluz y el español, me atrevería a decir, al menos desde el punto de vista tipológico-, una que, a pesar de todo y según mis impresiones, es bastante desconocida..., os invito dar un paseo por su piel y sus entrañas, así como por la apasionante historia que encierran sus viejos y formidables muros.

La fundación de la institución benéfica que con el tiempo llegaría a construir este magno edificio se debe a doña Catalina de Ribera, una noble dama sevillana, hija del IV Adelantado Mayor de Andalucía, Per Afán de Ribera, I Conde de los Molares, y María Hurtado de Mendoza, hija a su vez Íñigo López de Mendoza, Marqués de Santillana; fundación que, al no estar sometida a jurisdicción civil ni eclesiástica alguna, sino únicamente a la autoridad de la Santa Sede, cobró vida después de expedirse en Roma la correspondiente bula, fechada el 13 de mayo de 1500, con la autorización del papa valenciano Alejandro VI, segundo Borgia en ocupar la silla de Pedro.


El "hospital de pobres", según lo definía el documento pontificio, es decir, el prístino, que en un primer momento quedaría instalado en unos viejos inmuebles de la calle Santiago de la capital bética, propiedad de su fundadora -por otro lado y asimismo, según aquel, única persona autorizada a perpetuidad para gobernar y administrar el centro-, estaría destinado sin embargo, en principio y exclusivamente, a la asistencia de mujeres necesitadas que padecieran males curables y "que no tuvieran matiz contagioso".


Fuente Monumento a doña Catalina de Ribera / Juan Talavera Heredia / Manuel de la Cuesta y Ramos / Francisco Maireles / 1921 / Paseo de Catalina de Ribera / Sevilla


Sería su hijo, el I Marqués de Tarifa, Señor de Alcalá de los Gazules, V Conde de Los Molares, VI Adelantado de Andalucía y, por concesión de Don Fernando el Católico, Alcalde Mayor de Sevilla, don Fadrique Enríquez de Ribera, quien, al hacerse cargo de continuar con la filantrópica y ambiciosa labor emprendida por su madre a su fallecimiento y comprobar que después de la ampliar notablemente las instalaciones primitivas éstas continuaban siendo insuficientes, diese una nueva dimensión a la joven institución, poniendo en marcha la construcción de un nuevo y más amplio edificio que satisficiera las crecientes necesidades espaciales, higiénicas y sanitarias que una empresa de aquella naturaleza demandaba; una obra que, por su envergadura, estaba llamada a convertirse, después del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, en la más importante del Renacimiento nacional y, durante casi dos centurias, el hospital más grande y uno de los mejor dotados de Europa.


No debe extrañar que fuera esta noble e influyente familia sevillana fuertemente vinculada a la Corona de Castilla, la Casa de Alcalá -resultante de la fusión de la Casa de Ribera y una rama de la Casa Enríquez, y posteriormente integrada en la Casa de Medinaceli-, tan ligada al Adelantamiento y la Notaría Mayor de Andalucía, y, a nivel estrictamente hispalense, al Monasterio de Santa María de las Cuevas, el Palacio de las Dueñas o la Casa de Pilatos, la que impulsase tan loable iniciativa; que, concretamente, fuera don Fadrique Enríquez de Ribera, uno de los personaje más fascinantes de la Sevilla renacentista, quien se pusiera al frente de la misma. No en vano, la rica biografía que avala a este hombre, en consonancia con su época, de dual trayectoria, a este caballero y humanista amadrinado por la mismísima reina Doña Isabel I la Católica, está plagada desde su bautismo de nombres, lugares y de gestas.


Monasterio de Santa María de las Cuevas / Panteón de la familia Enríquez de Ribera / Sevilla


Gracias a la Reina, precisamente, y de la mano de su preceptor, el humanista oriundo del Milanesado, Pedro Mártir de Anglería -no por casualidad, la primera persona que le habló del Renacimiento italiano-, recibió la exquisita y sólida formación clásica que despertó en su alma de caballero el interés por conocer y entender el reciente pasado medieval que de algún modo aún se hacía presente en su tiempo, y, en general, por la cultura occidental en su conjunto, desde la Antigüedad hasta sus días. Esta fascinación por el conocimiento, como es obvio, lo llevó a convertirse en un apasionado amante de los libros, entusiasmo del que da fe el hecho de que en la magnífica biblioteca que logró reunir a lo largo de su vida pudieran encontrarse, junto al Elogio de la locura de Erasmo de Róterdam, el Decamerón de Bocaccio, los sonetos de Petrarca o la Divina Comedia de Dante, los escritos de Julio César, Marco Aurelio, Séneca o Flavio Josefo, obras que no sólo leyó, sino que estudió con auténtico entusiasmo.


En aquel hervidero cosmopolita que era la Sevilla de su tiempo, alimentado tanto por una atmósfera espiritual mesiánica, como por una febril vocación bibliófila; por el espíritu del hombre de su tiempo, que buscaba armonizar las armas y las letras, la religión y la cultura, la esencia católica y la vocación clásica, su fe, su inquietud intelectual y su necesidad encontrar la verdad contenida en los Evangelios -que había analizado y contrastado con la obra del anteriormente mencionado historiador judeo-romano, clave a la hora de encontrar una base histórica a los escritos de
San Mateo, San Marcos, San Lucas, San Juan-, lo llevaron a embarcarse en numerosas aventuras de muy diversa naturaleza y, en ocasiones, no exentas de riesgo para su propia vida; a transitar, desde los países de España, a los paisajes de Tierra Santa:

Participó, junto a su padre, en el combate de las escaramuzas moriscas de la Axarquía y, posteriormente, en las campañas de conquista del Reino nazarí del Granada, en cuya capital entró triunfalmente a la edad de 16 años, acompañando a los Reyes Católicos.


Peregrinó a Jerusalén como si de una suerte pacífico caballero cruzado se tratara, además de por las razones de índole religioso-intelectuales que ya se han expuesto, por su espíritu aventurero y en agradecimiento por la toma del último reducto musulmán de la Península y por la unificación religiosa del Reino, así como en cumplimiento de la Regla de la Orden de Santiago, de la que era comendador. Precisamente, una de las consecuencias que tuvo su periplo por Tierra Santa fue que, a su regreso a Sevilla, instauró el rezo de las siete estaciones de cuaresma, que, reconocido en 1527 por bula del papa Clemente VII, se considera el germen de la Semana Santa hispalense.


Con el propósito de conocer de primera mano el Renacimiento italiano, viajó por toda la península vecina, durante cuya estancia se relacionó con los personajes más notables del Cinquecento, adquirió numerosas obras de arte y quedó seducido por el buen gobierno de Venecia, -que le pareció la encarnación cristianizada de aquel ideal planteado por los clásicos-, por la libertad de Génova, con la belleza de Florencia -donde fue huésped de los Medici- y, como no podía ser de otro modo, por Roma, un hervidero de genios y rumores -se fraguaba en esos días la excomunión de Lutero-, en cuya corte artística fue introducido por el propio papa León X.


A su vuelta a Sevilla, superado el ecuador de su vida, afirmada su fe por peregrinaje a Jerusalén y reforzada su cultura humanista gracias a la experiencia italiana, don Fadrique, que encarna ya en plenitud el arquetipo aristocrático moderno, está listo para afrontar la última etapa de su vida, aquella en que se convierte en vehículo introductor de las formas artísticas del Renacimiento en la ciudad de la carrera de Indias y propagador entre la nobleza local de la fiebre por las construcciones clásicas -especialmente las de carácter palaciego- y el coleccionismo, tanto de piezas antiguas -griegas y romanas- como de obras recién salidas de los talleres itálicos.


Sepulcros de Catalina de Ribera y Pedro Enríquez de Quiñones / Renacimiento / Génova 1525 / Monasterio de Santa María de las Cuevas - Capítulo de monjes / La Cartuja / Sevilla


Él mismo, deslumbrado por la Cartuja de Pavía, que había contemplado en el transcurso de su viaje de ida a Tierra Santa, de regreso y a su paso por Génova, con el fin de rendir culto a sus progenitores, encargó al taller de los Gazini los magníficos sepulcros parietales del Monasterio de Santa María de las Cuevas en que los restos mortales de aquellos habrían de reposar eternamente.


También hizo construir el magnífico Palacio de los Adelantados, o de los Quattuor Elementa, rebautizado en 1540 como Casa de Pilatos por el canónigo Saavedra, justamente el lugar elegido por el peregrino jerosolimitano para vivir en paz sus postrimerías.


Casa de Pilatos / Renacimiento / Siglos XV al XVI / Plaza de Pilatos / Sevilla


Es precisamente en este tiempo en el que los cronistas loan a la cosmopolita Sevilla como la "Nueva Roma" del Imperio español, donde confluyen comerciantes y pícaros, cosmógrafos e impresores, artistas y literatos, para deslumbrarse con el reflejo de los metales preciosos llegados de Indias, en el que Don Fadrique Enríquez, a quien los Reyes Católicos y el César Carlos concedieron nada menos que el tratamiento familiar de "nuestro tío e primo" decide levantar el Hospital de las Cinco Llagas, que el vulgo conocerá como de la Sangre, en alusión a la visita que el viajero humanista sevillano realizara a las instalaciones sanjuanistas en Rodas... De este modo, y de la mano de una nueva bula, concedida el 26 de octubre de 1524 por el papa Clemente VII, se pone en marcha el traslado físico de la institución que fundara su madre...

Hospital de las Cinco Llagas desde los Jardínes del Parlamento / Siglo XVI / Sevilla




HOY SUENA

Francisco Guerrero / Siglo XVI

Renacimiento

O Doctor optime


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lunes, 28 de febrero de 2011

28 DE FEBRERO / Día de Andalucía


Lunes, 28 de febrero de 2011




Renacimiento / Siglo XVI



¡Andaluces, levantaos!






El 28 de Febrero es un día muy especial para todos los andaluces y, me atrevería a decir, que para otros muchos españoles, aunque no sean conscientes de ello, pues tal día como hoy del año 1980, el noble y viejo, el abierto y acogedor, el laborioso, sufrido y tantas veces denostado pueblo al que tengo la satisfacción de pertenecer acudió a las urnas para desbloquear el proceso a través del cual Andalucía, una tierra que no quiere situarse por encima de ninguna otra, pero tampoco por debajo, se constituyó en comunidad autónoma, con el mismo rango que Cataluña, el País Vasco y Galicia, regiones a las que no se les había exigido pasar por el mismo trámite, ya que se les reconoció de facto, una vez restaurada la democracia, el estatus político alcanzado durante el régimen republicano de los años treinta del pasado siglo...

Ese día no sólo los andaluces se equipararon en derechos a los habitantes de aquellas otras queridas tierras españolas, sino que, con su movilización, allanaron, asimismo, el camino al resto de las regiones de España, las cuales tampoco hubieron de reclamar vía reféndum que se le reconociera el derecho a constituirse en comunidad autónoma..., haciendo al sistema de libertades que acabábamos de estrenar, al nuevo cuerpo que estructura la nación desde entonces..., más justo y equilibrado...


Aquel día fue uno de los más memorables de la reciente historia de mi tierra, que es la vuestra, por supuesto, uno en que el por primera vez, después de varios siglos, las gentes del lugar se sintieron a la altura de los tiempos y dueñas de su destino...


Hoy, sin querer contaminar con áridas reflexiones de carácter político el muy emotivo para mí homenaje a mi amada tierra, a mi Andalucía, a todos aquellos que hicieron posible la consecución de aquella gesta, conocidos por todos o anónimos, entre los que se contaba mi inolvidable y amado padre, a quien dedico especialmente esta entrada, tengo que expresar mi lamento al contemplar el desolador panorama actual, que no es precisamente edificante, alentador, ni ilusionante...


Bajo mi punto de vista se ha dilapidado aquella maravillosa herencia, aquella energía positiva y valiosísima que envolvió al pueblo andaluz en su conjunto, desde los niños a los ancianos, desde el campesino al gran empresario... Pero aún albergo la esperanza, que dicen que es lo último que se pierde, de que un día..., no sé si será más tarde que pronto, o viceversa, ...mis paisanos recuperarán la autoestima y una mirada viva, ilusionante y libre de ataduras, para poder caminar todos juntos, respetándonos los unos a los otros..., algo fundamental que, aunque parezca mentira, no ocurre así en nuestros días, cuando nos adentramos ya en la segunda década del siglo XXI, ... caminar hacia un futuro pleno de éxitos y despojado de lastres...


A todos los andaluces, pues, naturales, de adopción o vocacionales, residentes o desterrados, a pesar de las circunstancias, tan poco propicias para la celebración, felicidades...



Himno de Andalucía


La bandera blanca y verde
vuelve, tras siglos de guerra,
a decir paz y esperanza,
bajo el sol de nuestra tierra.

¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!

Los andaluces queremos
volver a ser lo que fuimos
hombres de luz, que a los hombres,
alma de hombres les dimos.

¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sea por Andalucía libre,
España y la Humanidad!











HOY SUENA


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lunes, 21 de febrero de 2011

ABC DE LA PRENSA ESPAÑOLA / El ingenio hispalense


Lunes, 21 de febrero de 2011


LOS 150 AÑOS DE DON TORCUATO

José Miguel Santiago Castelo







El día 21 de febrero de 1861 nació en Sevilla don Torcuato Luca de Tena, fundador de ABC y de "Blanco y Negro". Ciento cincuenta años nos separan de aquella fecha que se nos antoja lejanísima: reinado de Isabel II, la revolución de 1868 o "La gloriosa", el efímero reinado de Don Amadeo, la primera República, su derrumbe, la restauración de la Monarquía alfonsina, la dictadura de Primo de Rivera. Todo este abanico de sucesos políticos se suceden solo en la vida de don Torcuato, un hombre que a los ojos de hoy muere joven —68 años— y que en su época —1929— ya se nos antoja por las fotografías un anciano venerable. Lo asombroso era el imperio periodístico que dejaba con una cabecera, ABC, imprescindible en el mundo informativo español e hispanoamericano cuando aún quedaban tantos sucesos —y tan graves— por aparecer en la vida nacional española: la II República, con sus persecuciones al periódico, los secuestros del diario, la Guerra Civil —cuando, por azares de la vida, fue el único periódico que salió con la misma cabecera en las dos zonas en guerra—, los cuarenta años del franquismo, la Transición y, en fin, la restauración monárquica en la persona de Don Juan Carlos de Borbón y su dilatado periodo de paz y democracia que llega a nuestros días.

En esta foto, tomada en Melilla, don Torcuato Luca de Tena aparece, entre otros, junto al general Bigueti, el coronel Riquelme, JIménez Arroyo y Baldomero Argenta


Pero lo que impresiona y conmueve es contemplar hoy la labor de aquel joven empresario sevillano que sueña con una empresa periodística y que esa empresa sigue viva, gozando de buena salud, en medio de una de las crisis económicas más fuertes que se han conocido en la historia y codeándose con los más sofisticados y asombrosos métodos de edición. En la época de internet y de las distintas clases de "i-phone" o "ipad", el diario ABC sigue su marcha con la misma impronta que le dio su fundador.


Porque lo que parece claro es que don Torcuato tiene desde su más tierna infancia una doble dualidad que le marcará su vida toda: un profundo sentido empresarial y lo que llamamos en la profesión el gusanillo del Periodismo". Por eso lo vemos a los catorce años estudiando en el Instituto de San Isidro en Madrid, donde entabla amistad con Luis Romea y se embarcan a esa edad a fundar un periodiquito llamado "La Educación". Don Torcuato, con el gracejo andaluz que tuvo siempre, recordaba: "Pedimos el cambio a algunos periódicos de provincias.
El Papamoscas, de Burgos, lo estableció y hasta nos dedicó un suelto, en el que decía que el semanario debía llamarse La Lactancia en vez de La Educación. No hay que contar la irritación que el caso produjo entre los jóvenes redactores". Pero a él le quedó el "gusanillo"...

Don Torcuato -segundo por la derecha-, junto a otros destacados miembros del Partido Liberal, entre ellos Práxedes Mateo Sagasta -sentado en el centro-, Presidente del Consejo de Ministros en siete ocasiones


Años más tarde, en 1879, fija definitivamente su residencia en Madrid para representar los negocios familiares de Sevilla. Se mueve con soltura: conoce a políticos y escritores, viaja por toda Europa. Tiene la amistad de Sagasta, Canalejas y otros dirigentes del Partido Liberal. Lo tientan con la política, pero... 1890 será un año decisivo en su vida. El 2 de julio se casa con doña Esperanza García de Torres y un par de meses más tarde viaja con Luis Romea a Múnich para estudiar la organización artística e industrial de la revista "Fliegende Blätter". De regreso a Madrid es cuando se produce la escena tantas veces narrada del Círculo de Bellas Artes. Lo cuenta así el propio don Torcuato: "Conversando con varios pintores jóvenes me lamenté de que no se hiciera en España algo análogo... Me replicaron que aquí sobraban artistas para publicar un periódico ilustrado, pero hacían falta editores. Pues yo seré ese editor, contesté. Y aquel mismo día quedó decidida la publicación de ‘Blanco y Negro’". El sueño anhelado desde los catorce años se hacía realidad. Ahora comenzaba una de las aventuras empresariales más arriesgadas. Con "ByN" ensalzó la crónica breve, el cuento, el poema, con magníficas ilustraciones. Era un producto pensado para entretener y divertir honestamente. Un feliz equilibrio entre imágenes y palabras. Había que abrir a los lectores los salones palaciegos, los acontecimientos sociales, los estrenos teatrales, los últimos deportes. Nada de crónicas aburridas, textos cortos; imágenes con "glamour", los vestidos de la Reina, los sombreros de las actrices de moda, los toreros de cartel, los concursos hípicos. Ese era el nuevo periodismo. "Ha sido un hijo agradecido", dirá don Torcuato cuando al comenzar el siglo XX la revista alcance los ochenta mil ejemplares de tirada. Tan hijo agradecido que de un capital de cuatro mil pesetas y una imprenta alquilada se pasó a construir el palacete de la calle de Serrano con nuevas y magníficas maquinarias traídas de Alemania y aquellas naves, "como un trasatlántico", dispuestas al gran sueño: sacar ABC.


Don Alfoso XIII y el fundador de ABC sobre el estribo de una de las rotativas de dicho centenario diario


José Cuartero, un magnífico periodista anónimo de ABC, al que entregó toda su vida, autor del célebre editorial del 15 de abril de 1931, el del "seguimos y permaneceremos donde estábamos", dijo que la salida de ABC se perfiló como una gran operación militar. Hasta se hacen —impensable en 1903— números de ensayo. Semanal primero, bisemanal después, todo tenía que salir a la perfección. Es curioso: don Torcuato, que no era escritor, pero sí periodista, dejó trazada desde el primer momento una especie de línea editorial de lo que quería que fuera ideológicamente ABC. Asombra ver que, ciento ocho años después, esas líneas maestras del pensamiento liberal-conservador sigan vigentes: la defensa de la Corona, la unidad de España, el respeto a la Iglesia católica y al Ejército, la economía libre de mercado, la búsqueda de la excelencia allí donde estuviere, la pasión por la información gráfica, la necesidad de prescindir de simpatías personales a la hora de enjuiciar un problema político. Y quería los mejores colaboradores, fueran de la ideología que fueran, se llamaran Juan Ramón Jiménez, Azorín, Maeztu, Blasco Ibáñez o Manuel Machado... Sin contar con el acierto del formato y de la grapa, que todo hay que decirlo. Como escribió Wenceslao Fernández Flórez, "en España, en todo lo que alcanza la visión del pasado y del presente, no ha habido ni hay un creador de periódico a su altura".


Don Torcuato, aquel sevillano de genio vivo y marcado acento andaluz, lo supervisaba todo, meditaba sus iniciativas, viajaba constantemente a Europa —sobre todo a Alemania— para traer las últimas tecnologías, modernizó el periodismo español como nunca antes se había hecho. Por no faltarle redaños, hasta se presentó en las Ramblas de Barcelona a vocear el periódico cuando el separatismo rampante bañó de sangre la Semana Trágica de 1909. Y con el mismo temple rechazó por dos veces las carteras ministeriales que se le ofrecieron. "Firme como el acero y claro como el diamante", lo definió Azorín.


Sintiendo cercana la muerte redactó su propia esquela, resumiendo sus títulos en esta sola palabra: Periodista. En el margen de la cuartilla donde la dibujó, subrayó: "No poner excelencias, cruces, senador vitalicio, etcétera".



Murió en Madrid el 15 de abril de 1929. Rafael Sánchez Mazas contó así sus minutos finales: "Al cerrar los ojos cristianos, tú fuiste, Sevilla, su último dulce sueño terrenal. ¿Sabes cómo hasta la última hora soñaba tu Giralda y tus jardines?". Pero esto apenas se conoce.

José Miguel Santiago Castelo, director de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y subdirector de ABC / Tercera de ABC / 20 de febrero de 2011
















EL "ABECÉ" DEL PERIODISMO MODERNO

Ignacio Camacho







Antes de convertirse en clásico de referencia de la prensa española, seña de identidad inseparable de nuestra Historia contemporánea, ABC irrumpió en el periodismo nacional como un huracán de renovación que transformó el panorama editorial de principios del siglo XX. Inspirado por los modelos que había visto de cerca en Europa, sobre todo en Alemania, Torcuato Luca de Tena y Álvarez Ossorio alumbró su creación periodística como un impulso de modernidad hasta entonces desconocido en la Península. Innovación tecnológica, solidez intelectual, moderación política y excelencia literaria: bajo estas cuatro premisas se desarrolló el proyecto que desde 1903 ha mantenido los principios fundacionales a lo largo de más de cien años de presencia en la vida de España.

Desde su aparición como semanario, ABC presentó unas características que permitían reconocerlo como un producto inédito. A primera vista, el peculiar formato y un potente despliegue gráfico e ilustrador le conferían un intenso dinamismo visual en contraste con la cargada tipografía de la época. El énfasis en la calidad de las firmas y la renovación del lenguaje acuñaron pronto una imagen de marca que consolidó el rápido prestigio de la publicación. Luca de Tena fundamentó su proyecto con una visión empresarial e industrial de intensa vocación renovadora; las de Prensa Española no sólo fueron las instalaciones periodísticas e impresoras más relevantes de aquel momento, sino que dieron vida además de a ABC a una serie de publicaciones y revistas punteras en el mercado editorial. Don Torcuato —como se le conoce en esta Casa cuyas sedes de Madrid y Sevilla preside un busto suyo— supo imprimir a su actividad emprendedora el sello de los magnates de la prensa que, como Adolf Ochs en la elegante Dama Gris de Nueva York, empezaban a desarrollar un estilo de referencia: periódicos imprescindibles en la formación de unas élites intelectuales burguesas dispuestas a asumir el protagonismo social del incipiente siglo.

Don Torcuato en una de las primeras rotativas de Prensa Española


La apuesta gráfica de ABC, cimentada en la modernidad de sus rotativas, se abrió paso de forma inmediata y fue la clave del éxito fulgurante del periódico. Se trataba de un modelo basado en un esfuerzo industrial continuo por la incorporación de las tecnologías más recientes —el huecograbado fue estrenado en 1915—, acompañado de un criterio de excelencia gráfica que resultó esencial para el desarrollo del fotoperiodismo español, entendido por primera vez no sólo como complemento de los textos sino como un valor informativo en sí mismo. A partir de 1908, el periódico incorporó una de sus señas de identidad esenciales durante casi cien años: la portada de fotografía única. Tildado despectivamente en sus comienzos de "periódico de monos" por su abundancia de ilustraciones, a ABC corresponde el honor de haber publicado la primera exclusiva gráfica de la prensa española: el atentado contra Alfonso XIII el día de su boda, en 1906. Blanco y Negro, la revista hermana, dio a la imprenta la primera fotografía en color de nuestro periodismo, en febrero de 1912. Dos meses más tarde, en la portada del diario aparecía como ilustración-cartel un mapa narrativo del hundimiento del "Titanic", considerado unos de los primeros y más lucidos precedentes de la moderna infografía que constan en el periodismo español.

Ese esfuerzo renovador que cimentó las bases del proyecto de don Torcuato, y que se ha mantenido constante hasta hoy con la incorporación del periodismo electrónico, fue acompañado desde los inicios de la publicación por un intenso brío intelectual que llevó a las páginas de ABC a los mejores escritores y cronistas del momento. Desde las escenas parlamentarias de Azorín a las reflexiones politicofilosóficas de D'Ors, Pérez de Ayala y otras grandes firmas del primer cuarto de siglo XX, el diario se convirtió en elemento de referencia del pensamiento moderado e institucionalista español, que el fundador consideraba prioritario en su concepto periodístico. "Se equivocan —escribió— los que piensan que se puede fundar y sostener un gran periódico sin más objetivo que el negocio", escribió como epítome de su vocación editorial al servicio de un proyecto de sociedad: liberal, monárquico, estable y plural. Junto a los maestros pensadores de la época y a una pléyade de escritores que de inmediato consagraron a ABC como plataforma de excelencia literaria, el periódico reunió a los más consagrados periodistas del momento —en el campo político, económico, social y taurino— y estableció bien pronto una red de corresponsales en las principales capitales del mundo. Periodismo moderno, pues: el más moderno de su tiempo, base prácticamente intacta del periodismo actual.

Recreación de la mesa de don Torcuato con las herramientas del periodismo de ayer y hoy


Más de un siglo después, en pleno desarrollo de la sociedad de la comunicación, ese modelo continúa vigente a través del avance tecnológico que suponen las nuevas tecnologías. El periodismo electrónico, las redacciones multimedia, la incorporación on line de los formatos audiovisuales, la interconexión con las redes sociales, son fórmulas herederas de aquel sueño visionario que implantó en España un modo de concebir el oficio periodístico como una actividad multidisciplinar adaptada a los usos sociales más actualizados. Ésa fue la imagen de marca que don Torcuato creó hace once décadas en torno a unas simples siglas alfabéticas que se han convertido en referencia de calidad en la prensa española y europea. El abecé del periodismo moderno.



HOY SUENA

Isaac Albéniz / 1886

Sevilla

Suite Española Op. 47 / John Williams


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