domingo, 14 de marzo de 2010

- HÉROES DE NUESTRO TIEMPO / Del MagnÍficat al Magnificent

Miguel Delibes (1920-2010) .




Aborto libre y progresismo
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Por dos veces este artículo de Miguel Delibes mereció los honores de la Tercera de ABC. La primera de ellas en 1986. De él se sentía el autor particularmente satisfecho. Hoy, en homenaje al gran novelista desaparecido y a la actualidad del asunto que desarrolla, dicho centenario diario vuelve a reproducirlo.

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En estos días en que tan frecuentes son las manifestaciones en favor del aborto libre, me ha llamado la atención un grito que, como una exigencia natural, coreaban las manifestantes: «Nosotras parimos, nosotras decidimos». En principio, la reclamación parece incontestable y así lo sería si lo parido fuese algo inanimado, algo que el día de mañana no pudiese, a su vez, objetar dicha exigencia, esto es, parte interesada, hoy muda, de tan importante decisión. La defensa de la vida suele basarse en todas partes en razones éticas, generalmente de moral religiosa, y lo que se discute en principio es si el feto es o no es un ser portador de derechos y deberes desde el instante de la concepción. Yo creo que esto puede llevarnos a argumentaciones bizantinas a favor y en contra, pero una cosa está clara: el óvulo fecundado es algo vivo, un proyecto de ser, con un código genético propio que con toda probabilidad llegará a serlo del todo si los que ya disponemos de razón no truncamos artificialmente el proceso de viabilidad. De aquí se deduce que el aborto no es matar (parece muy fuerte eso de calificar al abortista de asesino), sino interrumpir vida; no es lo mismo suprimir a una persona hecha y derecha que impedir que un embrión consume su desarrollo por las razones que sea. Lo importante en este dilema es que el feto aún carece de voz, pero, como proyecto de persona que es, parece natural que alguien tome su defensa, puesto que es la parte débil del litigio.

La socióloga americana Priscilla Conn, en un interesante ensayo, considera el aborto como un conflicto entre dos valores: santidad y libertad, pero tal vez no sea éste el punto de partida adecuado para plantear el problema. El término santidad parece incluir un componente religioso en la cuestión, pero desde el momento en que no se legisla únicamente para creyentes, convendría buscar otros argumentos ajenos a la noción de pecado. En lo concerniente a la libertad, habrá que preguntarse en qué momento hay que reconocer al feto tal derecho y resolver entonces en nombre de qué libertad se le puede negar a un embrión la libertad de nacer. Las partidarias del aborto sin limitaciones piden en todo el mundo libertad para su cuerpo. Eso está muy bien y es de razón siempre que en su uso no haya perjuicio de tercero. Esa misma libertad es la que podría exigir el embrión si dispusiera de voz, aunque en un plano más modesto: la libertad de tener un cuerpo para poder disponer mañana de él con la misma libertad que hoy reclaman sus presuntas y reacias madres. Seguramente el derecho a tener un cuerpo debería ser el que encabezara el más elemental código de derechos humanos, en el que también se incluiría el derecho a disponer de él, pero, naturalmente, subordinándole al otro.

Y el caso es que el abortismo ha venido a incluirse entre los postulados de la moderna «progresía». En nuestro tiempo es casi inconcebible un progresista antiabortista. Para éstos, todo aquel que se opone al aborto libre es un retrógrado, posición que, como suele decirse, deja a mucha gente, socialmente avanzada, con el culo al aire. Antaño, el progresismo respondía a un esquema muy simple: apoyar al débil, pacifismo y no violencia. Años después, el progresista añadió a este credo la defensa de la Naturaleza. Para el progresista, el débil era el obrero frente al patrono, el niño frente al adulto, el negro frente al blanco. Había que tomar partido por ellos. Para el progresista eran recusables la guerra, la energía nuclear, la pena de muerte, cualquier forma de violencia.

En consecuencia, había que oponerse a la carrera de armamentos, a la bomba atómica y al patíbulo. El ideario progresista estaba claro y resultaba bastante sugestivo seguirlo. La vida era lo primero, lo que procedía era procurar mejorar su calidad para los desheredados e indefensos. Había, pues, tarea por delante. Pero surgió el problema del aborto, del aborto en cadena, libre, y con él la polémica sobre si el feto era o no persona, y, ante él, el progresismo vaciló. El embrión era vida, sí, pero no persona, mientras que la presunta madre lo era ya y con capacidad de decisión. No se pensó que la vida del feto estaba más desprotegida que la del obrero o la del negro, quizá porque el embrión carecía de voz y voto y políticamente era irrelevante. Entonces se empezó a ceder en unos principios que parecían inmutables: la protección del débil y la no violencia. Contra el embrión, una vida desamparada e inerme, podría atentarse impunemente. Nada importaba su debilidad si su eliminación se efectuaba mediante una violencia indolora, científica y esterilizada. Los demás fetos callarían, no podían hacer manifestaciones callejeras, no podían protestar, eran aún más débiles que los más débiles cuyos derechos protegía el progresismo; nadie podría recurrir. Y ante un fenómeno semejante, algunos progresistas se dijeron: Esto va contra mi ideología. Si el progresismo no es defender la vida, la más pequeña y menesterosa, contra la agresión social, y precisamente en la era de los anticonceptivos, ¿qué pinto yo aquí? Porque para estos progresistas que aún defienden a los indefensos y rechazan cualquier forma de violencia, esto es, siguen acatando los viejos principios, la náusea se produce igualmente ante una explosión atómica, una cámara de gas o un quirófano esterilizado.

Miguel Delibes, de la Real Academia Española / Tercera de ABC / Domingo, 14.III.10


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Suena: Magnificent / No line on the horizon

........... .......... U2 / 2009
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6 comentarios :

Madame Minuet dijo...

Un hombre capaz de escribir una novela o un articulo periodistico con la misma brillantez y claridad de ideas, monsieur.

Espero que este usted disfrutando de su tarde de domingo. Ya queda poquito para la rutina de nuevo.

Bisous

Jose dijo...

Así es madame, ojalá todos gozáramos de un pensamiento tan preclaro como el suyo...

Por mi parte, doña Diana, espero que vos estéis teniendo un leve, levísimo... y jugoso arranque de semana...

A vuestros pies, eternamente...

Mil besos, mil...

balehead dijo...

El problema reside, desde mi modesta opinión, en que por mucho que estos días lluevan las condolencias por tan gran pérdida para las letras, muy pocos se paran a leer y a reflexionar sobre las palabras de hombres como éste. La opinión se crea a golpe de pancarta y grito sin respeto. Así nos va.

Aún no me he leído la nueva ley en profundidad, así que no puedo decirte si realmente se conculcan tantos derechos como dicen. Ahora, para mí hay algo de lo que nunca se habla en este asunto. Pues si bien es cierto que los derechos de la mujer y del feto pueden estar en un cierto conflicto... ¿por qué nadie tiene en cuenta al hombre? ¿Acaso porque el hombre por naturaleza no puede gestar un nuevo ser tiene menos derecho a decidir sobre su deseo de ser padre???


Espero que el lunes te sea muy leve.
Un besazooooo!!!!!

Vane.

Manuel dijo...

Hola José:
El debate sobre el aborto es difícil y encierra muchas aristas. Estoy contra el aborto como método anticonceptivo, pero como médico se que hay momentos donde la inducción del aborto es necesaria, a pesar de toda convicción
No entiendo el porque de la campaña de nosotras parimos, nosotras decidimos. Si bien es cierto sobre parir, realmente el acto de procreación es entre dos y definitivamente dejamos por fuera a veces, la opinión del padre, que algo tendra que decir
Si tienes tiempo te invito a que leas una entrada de mi blog sobre el tema

http://docmanuel.blogspot.com/2009/03/conciencia.html

Saludos

Jose dijo...

Bueno, Vane, a pesar de ser lunes, contemplémoslo con un poco de optimismo... Muchos de los que forman parte de esa masa, o eso espero, lo hacen...

En fin, como decía mi profesor de Derecho Urbanístico, lo importante por encima de su letra, que también lo es, obviamente, es el espíritu de la ley, y me temo, por todo lo que llevo leído, que ésta es injusta hasta más no poder... En cualquier caso, por encima de cualquier otra cuestión, de "los derechos" de la madre, de los del padre, o los de quien se quiera, para mí está la vida del que va a nacer..., LA VIDA, "ese concepto" tan venido a menos de un tiempo a esta parte...

En un rato estoy contigo, preciosa.

Un beso

Jose dijo...

Por supuesto... Todos conocemos y estamos dispuestos a asumir esas contingencias, que son, bueno, eran la excepción, no la regla..., situación que la nueva ley revierte. Porque es así... La nueva legislación, tan bellamente denominada -nuestros políticos siempre han tenido vocación de poetas- convierte de facto un delito, cuyas excepciones contemplaba y recogía perfectamente la anterior legislación, repito, en un derecho... La vida cae enteros todos los días en nuestro país... Una auténtica desgracia.

Sin duda le echaré un vistazo a esa entrada, Manuel. Gracias por dejármela.

Que tengas una muy feliz velada.

Un cordial saludo.

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