martes, 6 de julio de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos / La conversión de Recaredo

- LA ANTIGÜEDAD / Los godos / Conversión de Recaredo / Antonio Muñoz i Degrain
Conversión de Recaredo* ............................... .................. Antonio Muñoz i Degrain_/_1887. .
Pintura de Historia / Eclecticismo. .
Óleo.sobre.lienzo_/_350.x.550 cm. .
Palacio__del._Senado_./_.Madrid. .


Recaredo (I)

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Leovigildo murió, según todos los indicios, al iniciarse la primavera del año 586. Recaredo, su hijo menor, le sucedió en el trono sin lucha alguna, inmediatamente después. San Isidoro de Sevilla habla en su Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum en estos términos de la sucesión:

En la era DCXXIIII, en el año tercero del imperio de Mauricio, muerto Leovigildo, fue coronado rey su hijo Recaredo, quien, tranquilamente, recoge el cetro de su reino...

La expresión empleada por San Isidoro para describir el relevo, "cum tranquilitate", es, si comparamos éste con los que le precedieron, harto elocuente.

No debió, pues, existir ningún problema para la transmisión del poder; primero, por la fuerza con que Leovigildo había atado a las instituciones -léase nobleza-, y, en segundo lugar, por las virtudes que el propio Recaredo acrisolaba, virtudes demostradas, como ya vimos, en su victoriosa campaña
de la Septimania contra los francos .

El mismo San Isidoro añade a continuación un elogioso retrato del nuevo monarca:


Estaba dotado de un gran respeto a la religión y era muy distinto de su padre en costumbres, pues el padre era irreligioso y muy inclinado a la guerra; él era piadoso por la fe y preclaro por la paz; aquél dilataba el imperio de su nación con el empleo de las armas, éste iba a engrandecerlo más gloriosamente con el trofeo de la fe.


El panegírico del sabio obispo hispalense, del "nuevo Salomón", como no en vano le denominara el papa San Gregorio Magno, es, no cabe duda, interesado por mor de la conversión de Recaredo al catolicismo.

En parecidos términos se expresa el Biclarense -igualmente católico- cuando alude a la era de Recaredo como un período de unificación espiritual para Hispania -"ad unitatem et pacem"-. Pero esa paz, no fue, ni mucho menos, el leitmotiv del reinado, en el cual las sublevaciones y revueltas se suceden, como veremos, de una manera casi sistemática, sobre todo a partir de la celebración del III Concilio de Toledo, clave para que se produzca esa unificación espiritual a la que alude Juan de Biclara en su crónica.

Durará el reinado de Recaredo en Hispania quince años, desde mayo de 586, hasta diciembre de 601; años durante los cuales el país, efectivamente, entra en una nueva era, consolidado el Estado, planificada la unidad y, a partir de los últimos, rota la discordia.
Del fracaso de Leovigildo, que en busca de la cohesión interna del Reino de Toledo incentivó económicamente el paso de la mayoría católica al arrianismo, aprendió la lección su hijo y heredero Recaredo. Él ensayaría, pues, la vía del catolicismo como medio para concertar la Hispania goda. De este modo, con motivo de la celebración III Concilio de Toledo, que tuvo lugar en 589, haría pública su renuncia y la de su familia a la fe arriana, y ordenaría el bautismo del pueblo godo pese a las reticencias morales mostradas por buena parte del mismo y las presiones derivadas de las revueltas nobiliarias.
Imposta visigótica / Iglesia de Santa María de Quintanilla de las Viñas / Burgos . . . .
Cristo.aparece.representado como astro rey y flanqueado por dos . . . .
ángeles,--imagen-que- advierte-de-la-pervivencia-de-vestigios-de . . . .
paganismo -como el culto al Sol- en la sociedad cristiana visigoda . . . .



La secreta conversión al catolicismo de Recaredo
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Sin embargo, Recaredo no hubo de esperar hasta la celebración del III Concilio de Toledo para abrazar la fe de Nicea. Tan sólo diez meses después de morir Leovigildo, a juzgar por todos los hechos posteriores que se sucedieron, el flamante monarca se convertía al catolicismo. Así nos lo cuenta San Isidoro de Sevilla:

Desde el comienzo mismo de su reinado, Recaredo se convirtió, en efecto, a la fe católica y llevó al culto de la verdadera fe a toda la nación gótica, borrando así la mancha de un error enraizado.
Seguidamente reunió un sínodo de obispos de las diferentes provincias de Hispania y de la Galia para condenar la herejía arriana. A este concilio asistió el propio religiosísimo príncipe, y con su presencia y su suscripción confirmó sus actas. Con todos los suyos abdicó de la perfidia que, hasta entonces, había aprendido el pueblo de los godos de las enseñanzas de Arrio, profesando que en Dios hay unidad de tres personas, que el Hijo ha sido engendrado consustancialmente por el Padre, que el Espíritu Santo procede conjuntamente del Padre y del Hijo, que ambos no tienen más que un espíritu y, por consiguiente, no son más que uno. / Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum

Algunos historiadores defienden que con esta medida Recaredo no hizo otra cosa que seguir las directrices trazadas por su padre, quien, antes de fallecer, le aconsejaría con vehemencia la conversión como medida políticamente necesaria.

Por otra parte, se carece de datos acerca de las motivaciones reales que impulsaron al Rey a tomar aquella trascendental decisión, es decir, en qué medida influyó en la misma su propio convencimiento religioso y qué papel desempeñaron los razonamientos o racionalizaciones de índole pública.

Con todo, no cabe dudar sobre la instrumentalización del factor religioso. El problema en realidad consistiría en dilucidar con certeza quién instrumentalizó a quién, si la Iglesia al Estado o éste a aquélla...

Sea como fuere, lo cierto es que el Rey mantuvo en secreto su conversión, al entender éste que la publicidad inmediata de la misma no podía ser sino disfuncional. Entre la consumación del hecho y su reconocimiento público en el III Concilio de Toledo median más de dos años, desde febrero de 587, hasta mayo de 589. Durante ese tiempo Recaredo tiene que salir al paso de una serie continuada de rebeliones y, al mismo tiempo, mentalizar al clero arriano sobre la conveniencia de un cambio de fe. Son, pues, dos años tensos, que transcurren en medio de un clima enrarecido y con espasmos violentos ante la inminencia de la unificación religiosa.

Tres reuniones, al parecer, hubo de celebrar el nuevo monarca godo con los arrianos previas a la convocatoria del magno y decisivo Concilio General de 589. Cada una de ellas tuvo un carácter distinto, aunque las tres están envueltas dentro de un proceso general tendente a racionalizar el cambio y a propiciar que se llevara a cabo de la forma menos traumática posible, dato que da cuenta del tono precavido, prudente, que acrisoló Recaredo en aquella hora de tránsito cargada de dificultades.

Así, a la primera de ellas convocó el Rey a todos los obispos arrianos, a quienes explicó los motivos que le hacían creer en la verdad de su nueva fe, instándoles a recapacitar sobre ello y a que sofocaran sus dudas -lógicas- mediante el diálogo. De aquél diálogo, pensaba el Rey, habría de nacer su natural convencimiento.

Y fue él mismo quien lo provocó en una segunda reunión, esta vez de carácter mixto. A instancias de Recaredo se dieron cita los obispos de ambas religiones: allí el Rey expuso la superioridad del catolicismo, basándose, entre otras cosas, en que ningún obispo arriano había logrado, al contrario que los católicos, la curación de un sólo ciego.

Cuál fue el resultado de estas dos reuniones conciliadoras es algo que sólo se puede dilucidar a través de datos indirectos, que, en cualquier caso, a juzgar por la conflictividad reinante en todo el país, no debieron ser todo lo favorables que el Rey hubiera deseado.

Hubo, por último, una tercera reunión -esta vez sólo entre obispos católicos- que sirvió a Recaredo sobre todo para reafirmarse en la fe de Nicea y en los planes unificadores que ya con seguridad albergaba en su ánimo...

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.... * .En la escena aparecen representados, de derecha a izquierda, Recaredo, Badda, esposa de éste, y San
.... * .Leandro de Sevilla

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Suena: Kyrie / Misa de la Coronación / Krönungsmesse

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2 comentarios :

CarmenBéjar dijo...

Pensar en los concilios me relaja y refresca a un tiempo. Y me dirás: y eso, ¿por qué? Pues porque imagino a los obispos discutiendo sobre el cristianismo o el arrianismo, pero al frescor de una iglesia, lejos de los claores que nos abruman, ejeje

Un saludo

Jose dijo...

Jejeje... Bueno, bueno, es una muy apropiada asociación de ideas, efectivamente, o eso me parece a mí, también en función de las temperaturas que soportamos en estos días...

Carmen, que te sea leve, "termométricamente" hablando, y grata la velada.

Un beso

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