jueves, 19 de noviembre de 2009

DE LA INVASIÓN FRANCESA / Murillo (II) / Los niños

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Niño con perro / Bartolomé Esteban Murillo / 1665 - 1670
Barroco Español / Óleo sobre lienzo / 70 x 60 centímetros
Museo del Hermitage / San Petersburgo*


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La escena de este cuadro se distingue por su viveza y espontaneidad. El niño está pintado sobre el fondo de unos montes foscos y desiertos y una pared rocosa. Su ropa es pobre, rota por los codos, y lleva en la mano un viejo cesto trenzado. Pero se alegra de una manera puramente infantil al aparecer el perro. Su rostro está iluminado por una sonrisa y alumbrado por los rayos del sol. El pintor nos transmite suave y poéticamente la ternura y el encanto de un sencillo niño campesino. / Y. Shapiro





El Museo Napoleónico de Sevilla
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Con fecha de 11 de febrero de 1810, justo a los diez días de hacer su entrada triunfal en Sevilla, José Bonaparte, «por la gracia de Dios y por la Constitución del Estado, Rey de las Españas y de las Indias», dio un decreto en el que manifestó su deseo de «reunir en un mismo sitio todos los monumentos de las Bellas Artes existentes en esta ciudad».


En este decreto, fechado en su residencia del Real Alcázar, ordenó que «de las salas de nuestro Real Alcázar se tomarán cuantas sean necesarias para que se coloquen los monumentos de arquitectura, las medallas y las pinturas, y su escuela, que ha de ser la conocida por la Sevillana». El Rey encomendó al Ministro del Interior y al Superintendente General de Su Real Casa la ejecución del presente decreto.



Bartolomé Esteban Murillo / 1645 - 1646
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 145,9 x 103,6 centímetros
Alte Pinakothek / Munich












Al estar firmado éste por el ministro Mariano Luis de Urquijo, responsable de la Secretaría de Estado, podría creerse erróneamente que se debió a él la iniciativa de convertir al Real Alcázar en un Museo. Pero nada más lejos de la realidad, pues este ministro era muy limitado. Basta conocer los juicios que mereció al prócer inglés Lord Holland o a su amigo el embajador español en París, el caballero Azara, para no poderle atribuir una decisión de este carácter.

Muy por el contrario, toda la iniciativa provenía del Rey, que era un hombre de gran sensibilidad literaria y artística. Lejos de ser aficionado a la bebida, como enseguida dijeron de él los patriotas, fue un gran conocedor del Arte y particularmente de la pintura. Lo puso de manifiesto en los años anteriores en que, por ser quien era, en sus misiones políticas en la Europa napoleónica y en sus contactos con personalidades del mundo del Arte se convirtió en un reconocido experto.

Vieja despiojando a un niño
Bartolomé Esteban Murillo / Hacia 1670
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 147,5 x 113 cms.
(...) y la Vieja despiojando un chico es cuadro de tanta entereza popular como los de los maestros del género flamenco y holandeses, de suerte que Murillo ha quedado como el mejor ilustrador de nuestra novela picaresca del Siglo de Oro. / J. A. Gaya Nuño

Al tanto perfectamente de los grandes museos europeos, el nuevo Rey de España conocía la existencia del Museo Británico de Londres, inaugurado en 1753. Asimismo conocía personalmente la Galería Kassel que Guillermo IV había abierto en 1760 en Alemania. Durante su embajada en Roma fue testigo de la formación del Museo Clementino, que en poco tiempo se hizo de los más famosos, superando al del Campidoglio. A punto de ser nombrado embajador en Berlín, después de su embajada en Roma ante el Papa, el rey José estuvo al corriente de las colecciones alemanas.

Por todo ello no tiene nada de particular el deseo de Bonaparte de fundar en Sevilla un Museo, al tiempo que se despertó un afán de codicia tan grande entre los generales de su ejército. Hasta el punto de que el mismo director del Louvre, Vivant Denon, amigo del pintor David y del propio José, estuvo varias veces en España con el propósito de seleccionar piezas para el Museo Napoleón de París. Con esta experiencia, durante su reinado en España, vio la gran posibilidad de reunir tantos materiales procedentes muchos de ellos de iglesias y conventos que podían perderse irreparablemente.


Bartolomé Esteban Murillo / 1655 - 1660
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 125,1 x 104,5 cms.











El Rey estaba al tanto de lo que había sucedido en Italia con anterioridad: los robos al obispo de Trento, las depredaciones en las quintas de la Lombardía, los botines extraídos de Roma, Verona, Padua o los saqueos de Venecia. Por ello pensó en la conveniencia de crear un Museo como forma de salvar muchas obras.


Cuando parecía evidente que, con la conquista de Sevilla -sede hasta entonces de la Junta Central-, se produciría la pacificación de España, había llegado la hora de pensar en el futuro. Y nada como un Museo podía reflejar la grandeza de la dinastía Bonaparte.

Así que, inmediatamente después de su entrada victoriosa en Sevilla, el Rey impulsó la iniciativa de crear en el Alcázar -lo mismo que había pensado para la capital- un Museo Napoleónico. Como buena parte de los proyectos y obras emprendidos por el Rey José, la realización de estos Museos quedó en el aire.



Bartolomé Esteban Murillo / 1665 - 1670
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 121 x 98 cms.












No era el momento, en tiempos de guerra y de desastres de todo tipo, de llevar a puerto un proyecto de esta naturaleza. Sin embargo, en el caso de Sevilla, el depósito de obras almacenadas en el Alcázar destinado al proyectado Museo, evitó una mayor dispersión y destrucción de obras artísticas.


Los grandes días de optimismo vividos en Sevilla por el Rey fueron en verdad los más apropiados para pensar en aquellos grandes planes museísticos. Se comprende que, tras regresar a Madrid después de la conquista de Andalucía, el Rey siguiera con la idea de sus Museos. El mismo Quilliet, el más grande de los expoliadores, soñaba con convertirse en director de uno de estos museos, porque, según llegó a decir en una ocasión, de la misma manera que Erostrato «se hizo famoso al quemar el templo de Éfeso, yo me quiero hacer famoso construyendo el Museo José Napoleón».

Manuel Moreno Alonso / Historiador / Tribuna abierta / ABC de Sevilla / 29.X.2009


Bartolomé Esteban Murillo / 1645 - 1650
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 134 x 110 cms.
Museo del Louvre / París












El mejor Murillo, para mi gusto, es aquel que viste las escenas picarescas con cierta sombría profundidad, que deja transparentar un oro subterráneo, y se aproxima, en cierto sentido, a Rembrandt. / Eugenio d'Ors

Bartolomé Esteban Murillo / 1670 -1680
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 52 x 38,5 cms.
National Gallery / Londres












La maestría de Murillo no puede estudiarse -como sucede en Velázquez- desvinculada de la inspiración temática. Sus enormes dotes artísticas deben valorarse en cuanto sirvan para expresar estados religiosos o emocionales en toda la magnitud de sus posibilidades representativas. Es esta forma extrema del barroquismo español que apura, no el movimiento, ni el énfasis decorativo, sino la relación emocional del hombre con la divinidad. Ante esta decisión, que es la que moviliza los pinceles, todos los problemas técnicos son accesorios. Su arte ha liberado a la pintura española de la plástica sequedad del tenebrismo. / J. Camón Aznar

Bartolomé Esteban Murillo / 1670 -1675
Barroco Español /
Óleo sobre lienzo / 121 x 99 cms.












Encuéntranse en él la verdad de Velázquez, los vigososos efectos de Ribera, la armoniosa transparencia de Tiziano, el empaste de Van Dyck, la brillantez de Rubens, y los superó a todos en el arte con que supo ocultar el procedimiento técnico. / Pedro de Madrazo / 1872

Bartolomé Esteban Murillo / 1655 - 1660
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 121 x 99 cms.
Museo Nacional del Prado / Madrid












Introdujo a fondo en la pintura española de su tiempo la Sevilla en que vivía: las muchachas y mujeres jóvenes que le servían de modelo para sus efigies de la Virgen y de las santas, y las escenas de la vida cotidiana que llevaba a sus cuadros. / Yves Bottineau

Bartolomé Esteban Murillo / 1670 - 1675
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 148 x 113 cms.












Murillo, que robaba del cielo sus colores más santos para pintar sus hermosas Madonnas, reproduce con idéntico esmero amoroso las más repugnantes figuras del mundo. Quizá el entusiasmo artístico era la causa de que aquellos nobilísimos españoles disfrutasen lo mismo retratando con fidelidad a un mendigo en el acto de despiojarse que representando en forma corpórea a la Virgen Santísima. / Giosué Carducci

Bartolomé Esteban Murillo / Hacia 1665
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 93 x 66 cms.
Meadows Museum / Dallas













Murillo no es aquí un pintor adocenado. Todo forma parte de una ceremonia, y el amor a Sevilla puede contenerlo y transformarlo todo. / Waldo Frank

Bartolomé Esteban Murillo
Barroco Español
Óleo sobre lienzo
Museo Pushkin / Moscú












(...) es un maestro del color vaporoso, ora plateado, ora dorado, pero siempre suave y acariciador. Este color no sólo se extiende sobre sus figuras, sino también alrededor de ellas, formándoles un nimbo del cual emergen y cuyo brillo contribuye a embellecerlas. / Salomón Reinach

Bartolomé Esteban Murillo / 1645 - 1650
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 63 x 43 cms.












Tales cuadros constituyen el gran acierto de Murillo; los pilletes de la calle sevillana, bien observados, con un realismo gracioso , alegre y vivaz, resultan, por lo original del tema, una creación iconográfica de primer orden (...) /J. A. Gaya Nuño
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Bartolomé Esteban Murillo / 1665 -1675
Barroco Español

Óleo sobre lienzo / 123 x 102 cms.
Alte Pinakothek / Munich











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Bartolomé Esteban Murillo / Hacia 1670
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 159 x 104 cms.
Dulwich Picture Gallery / Londres











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Bartolomé Esteban Murillo / Hacia 1660
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 160 x 104 cms.
Dulwich Picture Gallery / Londres











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Bartolomé Esteban Murillo / Hacia 1675
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 146 x 108,5 cms.
Alte Pinakothek / Munich











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Muchacho con cesto de frutas
Bartolomé Esteban Murillo / 1640 -1650
Barroco Español
Óleo sobre lienzo / 102 x 81,5 cms.
* Procedente de la colección del conde de Choiseul / París /1772

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Suena: Les folies d'Espagne / Barroco / Jean Baptiste Lully / Hacia 1672

2 comentarios :

Madame Minuet dijo...

Monsieur, esto es increible. Yo iba a entrar a preguntar por usted, porque hace mucho que no veia una actualizacion suya y me extrañaba. Y resulta que cuando busco su blog en mi blogroll me encuentro con que habia actualizado el jueves, y nuevamente ocurrió que blogger no me avisó ese dia. Ahora sí aparece, pero claro, muy abajo en mi lista, con los del jueves, que yo ya no compruebo porque supuestamente estaban todos visitados.
Y el caso es que solo me ocurre con su blog, o al menos yo solo me percato con el suyo, monsieur.
Con tanta maravilla como nos habia deparado usted! Incluso la musica me encanta. Le dire que al principio de tener este blog yo misma la habia puesto como musica.

Espero que este usted bien, don Jose.

Buenas noches

Bisous

Jose dijo...

¡Ah, qué curioso y qué casualidad...! Ahora sí que puedo decir, dejando a un lado el pudor, si alguna vez lo tuve, que habiendo coincidido con vos en el gusto, el mío no es tan malo como en principio se pudiera pensar...

En fin, madame, cosas de estos mundos virtuales... Nada nuevo bajo el sol... Paciencia y resignación, cristiana para el que lo sea, como es mi caso... ;)

Por mi parte os ruego me disculpéis por la ausencia de los últimos días... Mis obligaciones cotidianas, especialmente enredadas y complicadas con un pequeño viaje a la capital del Reino me han impedido acercarme a palacio para gozar de vuestra lectura y vuestra compañía...

Tened una muy feliz velada, doña Diana...

Mil besos, mil....

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