lunes, 1 de febrero de 2010

DE LA INVASIÓN FRANCESA (IV) / Homenaje a la Junta Central

- DE LA INVASIÓN FRANCESA IV
François Gérard / 1810 / Óleo sobre lienzo / 247 x 162 cm.




Homenaje a la Junta Central

_____________________________________________________________________________

El 1 de febrero de 1810 José Bonaparte llegó a Sevilla como conquistador invicto, después de entrar en la ciudad "a tambor batiente y banderas desplegadas". El primero en quedar sorprendido ante el hecho fue el propio Napoleón, quien días después, desde Rambouillet, escribió a su ministro de la Guerra, Duque de Feltre: "Mis tropas han entrado ya en Sevilla, en donde se ha hallado un formidable botín".


La conquista de Sevilla por los franceses sin oposición alguna causó un impacto extraordinario dentro y fuera de España. Como será habitual en su historia, Sevilla —que había sido la capital de la España patriótica e insurgente entre 1808 y enero de 1810— se ponía del lado del vencedor. Realmente fue una de las ciudades de España que menor resistencia opuso a los invasores, a pesar de que tenía medios para presentar una resistencia numantina. Pues era la ciudad mejor pertrechada de toda la nación, como capital de la España no ocupada, en donde residía el gobierno nacional. ¡Estaba defendida por trescientos cañones, de cuyas bocas, sin embargo, no salió ni un solo disparo!

_____________________________________________________________________________

El león que corona la antigua Puerta de la Montería del Real Alcázar de Sevilla, la residencia regia más antigua de Europa que aún continúa desempeñando su función como tal y que fuera sede de la Junta Suprema Central y posteriormente de la corte de José I Bonaparte, es uno de los símbolos medievales de la Monarquía Española. Éste, salido de la trianera fábrica de cerámica de Mensaque, sustituyó en 1894 al que con anterioridad ocupó su lugar. José Gestoso se encargó de la asesoría artística y el ceramista Tortosa de su ejecución. El león heráldico español, rampante habitualemente, aparece aquí en posición horizontal portando la Cruz de la Victoria en una de sus garras, coronado, pisando una lanza y acompañado del lema latino de reminiscencias virgilianas "ad utrumque (paratus)", que viene a significar "dispuesto a todo". Fernán Caballero, Marquesa de Arco Hermoso y ferviente defensora de la Corona, diría que esta puerta debe su nombre al "León de España"; a lo que añadiría: "¡Imposible nos es contemplar sin avergonzarnos este lema glorioso de la antigua España!
_____________________________________________________________________________

Real Alcázar de Sevilla / Salón de los tapices flamencos de la toma de Túnez.

Mientras, el rey intruso fue acogido por las autoridades, el clero y el pueblo como nunca lo había sido hasta entonces en toda España. La culpa del desastre se le atribuyó exclusivamente a la cobardía de la Junta Central. Sobre sus responsabilidades en la defensa de la ciudad se dieron los juicios más peyorativos.

Anatematizada por los contemporáneos, y olvidada por los historiadores con posterioridad, el estudio de la Junta Central no se ha emprendido nunca en toda su enorme complejidad. El interés de los historiadores, empezando por los decimonónicos, se ha centrado en el período siguiente de las Cortes de Cádiz y la Constitución de 1812. Lo que ha llevado en la práctica al desconocimiento total de lo realizado por la Central en los dos años anteriores.
Promulgación de la Constitución de 1812 en las Cortes de Cádiz.
Así, para muchos, del Dos de Mayo se pasa a las Cortes de Cádiz como si entre medio, es decir, entre 1808 y 1810, no hubiese ocurrido prácticamente nada importante. Cuando lo que ocurrió entre ambas fechas, bajo la responsabilidad de la Central con sede en Sevilla, fue determinante tanto para la construcción de la nueva nación como para la instalación posterior de las Cortes.


Pues fue en
Sevilla desde donde la Junta gestionó, una vez muerto su presidente el anciano Conde de Floridablanca, la transición política de la Monarquía absoluta a lo que, después, sería la Monarquía parlamentaria. Pero por encima de todo, el gran mérito de la Junta Central, nunca valorado, fue el de haber hecho frente por vez primera al desafío histórico de organizar, abjurando del despotismo anterior, un nuevo Estado.



Constitución Española de 1812


Después de consultar, previamente, a la propia nación sobre la conveniencia de la Reforma política, la
Central inició los trabajos que habían de discutirse en las Cortes. Al tiempo que mostró su voluntad insobornable de continuar la guerra a ultranza. Actitud gracias a la cual fue posible la defensa nacional. De tal manera que, frente a lo que ocurrió en Europa, difícilmente hubiera podido darse por parte napoleónica ningún Austerlitz que pusiera fin a la resistencia militar en que se empecinó la Junta.

Real Alcázar de Sevilla / Cuarto del Almirante.

En medio de las circunstancias más adversas, la Junta Central tampoco perdió de vista, en ningún momento, la prevalencia del poder civil sobre el militar. Por ello los generales sostuvieron tan malas relaciones con ella e intrigaron para derribarla. Pues en este sentido el pulso que la Central mantuvo desde Sevilla con los militares fue sorprendente, si se analizan dichas relaciones desde el punto de vista del civilismo del Estado.

Verdaderamente tenía razón Jovellanos cuando, en su memoria en defensa de la
Junta Central desenmascaró la iniquidad de sus enemigos, quienes buscaron su gloria "más con baladronadas de celo y patriotismo que con insignes servicios hechos o ilustres sacrificios consagrados a la nación". Mientras, en uno de los momentos más difíciles de la historia de este país, la Central prefirió sacrificar Sevilla —una batalla cuya suerte estaba decantada de antemano— a perder la guerra.

Francisco de Goya y Lucientes / 1798 / Óleo sobre lienzo / 204 x 133 cm.

Por todo ello, y por tantas cosas más que la investigación está deparando al recuperar la historia y la memoria, es necesario rendir homenaje a la
Junta Central doscientos años después de su salida de Sevilla.

Real Alcázar de Sevilla / Jardín del Laberinto.



_____________________________________________________________________________

Suena: Danza Triste / Doce danzas españolas

........... ..........Enrique Granados / 1883

10 comentarios :

La Dame Masquée dijo...

Asi es, monsieur. A fin de cuentas las guerras, como todo, se ganan mas bien con inteligencia que a cañonazos sin ton ni son. Lo que cuenta al final son esos "ilustres servicios" de los que hablaba mi paisano.

Feliz comienzo de semana, don Jose

Bisous

balehead dijo...

No poco sacrificio hubo de ser abandonar Sevilla para no perder la guerra... Aunque, bien mirado, si esos trescientos cañones hubiesen realizado su trabajo hubiesen obtenido una respuesta no menos contundente y, por ello, quizás hoy muchas de las maravillas que atesora tu preciosísima ciudad no existirían. Esa decisión de la Junta a la postre no fue desafortunada, pues constituyó el germen de lo que vendría después.


Que tengas un lunes muy muy corto.
Mil millones de besos!!!!

Vane.

Manuel dijo...

En parte las intrigas jugaron su papel dentro de todo este entramado. Un mando unico o unas buenas relaciones a lo mejor hubiese cambiado la historia.

Saludos

CarmenBéjar dijo...

Es preferible rendir la ciudad de Sevilla que ver sus calles plagadas de cadáveres, creo yo que pensaron los miembros de la Junta Central. Se convirtió entonces en una "Sevilla, ciudad abierta", al modo de Roma en la 2ª Guerra Mundial, uanque no creo que los tesoros sevillanos quedaran al margen de la rapiña francesa.

Seguro seguro que más de un general se llevó buenos Murillos a sus palacios franceses, entre otros objetos, como platería eclesiástica, ¿me equivoco?

Una maravilla ese Alcázar que nos enseñas, pleno de salones sorprendentes, de frescos patios y coquetos recovecos. Y qué decir de sus jardines...ufff.

Me gustaría poder pasearme por ellos, qué te voy a decir. Fuí por allí en primavera, cerca de la Feria de Abril, cuando Sevilla huele a flores por todas partes. Una delicia.

Qué suerte tienes, Jose.

Un beso

Jose dijo...

Vuestro ilustre paisano, madame, sin duda era un persona muy audaz que sabía lo que decía..., como vos, sin ir más lejos... Estoy totalmente de acuerdo con ambos... Claro que a veces no hay más remedio que liarse a cañonazos... A Dios gracias, y a la Junta Central, Sevilla, y con ella su patrimono, quedo a salvo de recibirlos...

Feliz tarde, doña Diana.

Mil besos mil...

Jose dijo...

Así es, Vane, al parecer se trató de una retirada táctica... Con ella, desde luego se preservó la integridad física de la ciudad -más o menos- y sus habitantes -que no la moral, por desgracia-... Cádiz, por su geografía es mucho más fácilmente defendible que Sevilla, que está en medio de un valle muy abierto sobre el que se elevan por un lado la cornisa del Aljarafe, y por otro los Alcores, dos balcones naturales desde lo cuales los cañones napoleónicos podrían haber dado al traste con más de 2000 años de historia... Prueba de ello es lo que hacían las gaditanas con las bombas que tiraban los..., los 100.000 hijos de..., de San Luis... ;))

En fin, niña, espero que hayas tenido un levísimo martes, como te decía hace unas horas, muy soleado, para empezar...

Que la velada no le vaya a la zaga...

Un beso enorme...

Jose dijo...

En fin, Manuel, fueron momentos de gran zozobra para la Nación..., que casi desaparece... En cualquier caso pienso que aquella fue la menor decisión que pudieron tomar...

Feliz velada.

Jose dijo...

Así fue Carmen, creo que ese factor también debió ser uno de los que impulsaron a la Junta Central a trasladarse a Cádiz... Ni que decir tiene que los tesoros sevillanos no quedaron a salvo de la rapiña napoleónica, cuyo máximo exponente fue, como ya te he comentado en otras ocasiones, el Mariscal Soult, de tan triste recuerdo, uno de los depredadores más terribles que han pasado por esta bendita tierra; el que propició que, por ejemplo, tantos Murillo, como Zurbaranes, como Valdés Leales, etc..., anden por ahí dispersos, por esos mundos de Dios, formando parte de Museos y colecciones privadas...

En fin, no me puedo quejar..., no... O sí... Ya sabes lo que te comentaba esta misma mañana... Y es que esta ciudad ni de lejos es perfecta..., o al menos, no nosotros, sus habitantes... Te invito a que leas el artículo que publicó ayer a propósito de esta contingencia nacional y del carácter sevillano Antonio Burgos en El Recuadro, en ABC. Ahí te lo dejo por si te apetece:

200 años de cobardía sevillana

Que tengas una muy feliz velada.

Un beso

balehead dijo...

Pues bienvenidas sean todas las retiradas tácticas, porque ya ves de qué nos sirvió en esta tierrina mía ponernos farrucos tras la guerra incivil (como tú la llamas) y dedicarnos a quemar todas nuestras fábricas y minas... Que cuando nos ponemos dinamiteros no conocemos a nadie, y así nos va.

En fin, que me tienes muerta de envidia con ese café tomado al sol de Sevilla. Por aquí también hemos tenido un día fabuloso, pero yo de cafés en terracitas ná de ná ¡snif, snif!

Más cosas: yo tampoco soy "yokoísta", pero coincido contigo en que algo tenía la japonesa para enamorar así al impredecible de Lennon. El muchacho se pasó media vida buscando a una Brigitte Bardot, para darse cuenta de que con quien soñaba era con una mujercita menuda, de ojos rasgados y melena oscura... vamos, que me andaba buscando a mí ji ji ji.
Y, por cierto, que no le des más vueltas a la actualización de ayer... que mi pensamiento es "motivado, razonable y responsable" en materia de Derecho. En todo lo demás ando siempre en las nubes ;D

Un besazo de esos que no se olvidan
muuuuackssss!!!

Vane.

Jose dijo...

¡Ay, qué me gusta a mí eso de "tierrina" y de "ponerse farruco"...! Ejem... En fin, hija, en todas partes cuecen..., cocemos habas... ¡Qué fatalidad...!

Oído cocina, pues... No le doy más vueltas a al asunto... En cuanto a doña Yoko, ea, que le vayan dando, que donde se ponga una chica menuda, de ojos rasgados y melena oscura auténtica... Vamos que si hay que ponerse dinamiteros, yo el primero... P


Niña, que tengas una muy feliz velada, y mañana un día fastuoso, uno que dé para, al menos, tomarte un cafelazo, o lo que se tercie, en una terracita bien soleada...

Un besazo, preciosa...

. . . . . Subir .