viernes, 23 de julio de 2010

- ESPÍRITUS FRATERNOS / Callejón de la vida / 12 de Octubre de 2008 / Avenida de las Juventudes Musicales / Glorieta Olimpica / SE-30 / Sevilla
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12 de Octubre de 2008* ...............Avenida de las Juventudes Musicales.
Glorieta Olimpica. / .SE-30 ./ .Sevilla.



No quitéis las banderas
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Algunos hemos tenido un sueño. Puede que sea el de una noche de verano, pero fue bonito mientras duró. Era un paisaje de banderas que seguían representando, pese a todo, a una nación que se había constituido a sí misma. No la habían inventado los poderosos, ni era signo de dominio de unos sobre otros. Era la bandera de la única igualdad posible: la de los hijos de Dios unidos por un idioma, por una historia, por un solar. Fue el fútbol, ya lo sé; o sea, la habilidad de veintidós hombres que, si el árbitro no se interpone, dirimirán en liza cuántas veces entra una pelota entre una línea y tres palos. Es sólo y a la postre un trabajo con el azar. La física, esa jugadora invisible, es quien al final decide. Y sin embargo, tuvo este experimento de noventa minutos la virtud de sacar, no se sabe muy bien de dónde, las banderas de una nación a la calle.

Lástima que no fuera el atentado persistente contra la vida más indefensa, con los nacionales nonatos, lo que llevara las manos de la gente hasta el arcón de las viejas perdurables banderas para protestar con ellas en los balcones. Qué pena que se haya recorrido tan largo y tortuoso camino desde los primeros escarceos con los agentes de la división sin que nadie haya desdoblado las telas rojas y amarillas para oponerse en las fachadas. Llegó un momento en que esto parecía una reunión de apátridas. Sólo aparecían a veces algunas banderas tricolor enarboladas por la extrema izquierda.

Y resulta que ha sido un gol el que ha poblado España de sus propias banderas. Las vigentes. Las constitucionales. Las que mantienen intactas su poder de convocatoria como banderín de enganche de la gran aventura que concierne a todos los españoles. Pues bien, he aquí mi sueño: no que un balón que va adonde lo lleva el viento tras haber recibido el impulso de un cabezazo o un puntapié entre unos centímetros dentro de una escuadra, y que por eso tanta gente grite que es español. Sino al revés. Que porque nos sentimos españoles nos alegramos de que ese esférico de cuero se tiña con los colores de nuestra identidad como país.

Mi sueño —y tal vez el de muchos que no pueden escribir en los periódicos— es que esas banderas no desaparezcan de donde están. Y si ya se han ido, que vuelvan, aunque no haya mundiales. Ojalá esas banderas hayan llegado para quedarse todos y cada uno de los días de todos los años venideros. Como en los Estados Unidos, que éste también lo sea. A ver si así les sirven de sirena a los dormidos tripulantes de la realidad que esas banderas encarnan.

Á
ngel Pérez Guerra / Callejón de la vida / ABC de Sevilla / Viernes, 23.VII.10


* En primer término, mi sobrino Gonzalo ............

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.................. Pignoise / 2006........................................................ .Inicio
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miércoles, 21 de julio de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos / Recaredo / El III Concilio de Toledo

III Concilio de Toledo y Conversión de Recaredo / José Martí y Monso / 1862
III Concilio de Toledo ............................................. José Martí y Monsó / 1862. ..
Pintura de Historia. ..
Óleo sobre lienzo / 218 x 314 cm. ..

Palacio del Senado* / Madrid. ..





Recaredo (III) / El III Concilio de Toledo y la unificación religiosa del Reino
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El 6 de mayo del año 589 se reúnen en Toledo los 62 obispos existentes en toda la Hispania goda. Ese día Recaredo lee el "tomo", mensaje regio o comunicado preliminar, en el que, con toda solemnidad, declara su aceptación de los símbolos de Nicea, Constantinopla, Éfeso y Calcedonia y su abjuración del arrianismo, al que declaraba, desde aquel mismo momento, proscrito del Estado.

San Leandro de Sevilla, el confesor de Hermenegildo, que preside la Asamblea, pronuncia a continución su homilía:

La Iglesia ha dado a luz un nuevo pueblo para su esposo Cristo; a la discordia en Hispania sucede la paz santa, la unanimidad, y con ella la estabilidad del reino terrenal, seguida de la beatitud en el reino celeste (...) los que antes nos atribulaban con dureza, de pronto nos alegran con su fe; los que nos hacían gemir bajo pesadísima carga, ahora, por su conversión, se han hecho corona nuestra.

Como puede comprobarse, no hace el obispo hispalense ni una sola alusión a Hermenegildo en aquellas palabras; ni una sola mención a la guerra civil ni al levantamiento católico.

El Rey, después, abre la primera sesión sentándose entre los obispos reunidos. El Biclarense llama la atención sobre la semejanza existente entre aquella imagen toledana y la de Constantino entre sus obispos en Nicea. Aunque, realmente, como afirma Menéndez Pidal la semejanza habida con el modelo oriental no pasa de ser una similitud formal. Allí, en efecto, era el poder civil el que dirigía y mediatizaba -instrumentalizaba- al poder eclesiástico, mera superestructura a su servicio, mientras que aquí ambos están equilibrados y la dirección es mucho más bilateral.

El protagonismo de Recaredo en el III Concilio de Toledo está, empero, fuera de cualquier duda. Junto a la reina Badda -con la que había contraído matrimonio hacía poco- firma el documento por el cual se abjura de Arrio y su doctrina, reconociendo las enseñanzas de los Concilios católicos.

"Yo, Recaredo, rey, reteniendo de coraz
ón y afirmando de palabra esta santa y verdadera confesión, la cual idénticamente por todo el orbe de la tierra la confiesa la Iglesia Católica, la firmé con mi mano derecha con el auxilio de Dios."

"Yo, Badda, reina gloriosa, firm
é con mi mano y de todo corazón esta fe que creí y admití."

Entonces todo el concilio prorrumpi
ó en alabanzas a Dios y en honra al Rey.

Actas del III Concilio de Toledo

Panorámica de Toledo .



Las decisiones del Concilio: la función de control y los obispos
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Se aprobaron a lo largo del Concilio toledano veintitrés cánones disciplinarios que, como tales, no tenían valor de ley, aunque, eso sÍ adquirían este carácter automáticamente con la promulgación regia del "Edicto de confirmación del concilio". Éste tipificaba no sólo la necesidad de su cumplimiento sino también las sanciones que su violación acarreaba: confiscación de la mitad de los bienes si se trataba de "honorables", y destierro y pérdida de todos los suyos en el caso de los "inferiores personae".

Todas estas constituciones eclesiásticas, que hemos tocado compendiosa y brevemente, decretamos que permanezcan en estabilidad perenne, según se contienen con más extensión en el canon. Y si algún clérigo o laico no las quisiere observar, sufra las siguientes penas. El clérigo, sea Obispo presbítero, diácono o de cualquier otro grado, será excomulgado por todo el concilio. Si fuere lego y persona de clase elevada, perderá la mitad de sus bienes; y si fuere persona de clase inferior, será multada con la pérdida de sus bienes y desterrada...

Recaredo / Lex in confirmatione concilii / III Concilio de Toledo


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Codex Conciliorum Albendensis seu Vigilanus / Copista Vigila / Miniatura en la que se representa a las dignidades eclesiásticas de la Iglesia visigoda / 429 Folios ilustrados y manuscritos a dos columnas en letra visigótica / 455 x 325 mm. / Monasterio de San Martín de Albelda / La Rioja / 976 d.C. / Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial / Madrid .


El canon posiblemente más trascendental de todos los aprobados en el Concilio es el número 18. Según éste, el día 1 de noviembre de cada año los jueces locales y los agentes de las propiedades del Tesoro debían presentarse ante el Sínodo provincial, donde los obispos respectivos debían proporcionarles instrucciones acerca de como habían de proceder con justicia y unanimidad. Además, los obispos, hacían hincapié sobre la prohibición que pesaba para los jueces de no cargar los impuestos con excesivos servicios de transporte. Los obispos eran, de esta guisa, una especie de inspectores encargados de transmitir al rey la información y las quejas respecto a la labor de los funcionarios públicos provinciales. Tal era su responsabilidad en ese sentido, que el obispo se obligaba a reponer con su propio dinero aquellos perjuicios sufridos por los aldeanos en el caso de no haber informado suficientemente a tiempo la irregularidad cometida por los agentes. Comentando esta medida leovigildiana en su esplendido estudio sobre los Concilios godos, Ramón d'Abadal escribe:

Este canon establece, a mi juicio, la base normativa fundamental de la estructura del Reino de Toledo tal como fue concebido por el inspirador de la operación de la conversión, San Leandro, consultor y director de Recaredo. El problema del gobierno conjunto de los dos pueblos, godo e hispanorromano, se resuelve, reteniendo los godos el gobierno activo y cediendo la inspección y el control a los hispanorromanos; el primero sería ejercido, continuando la tradición, por los seniores Gothorum; el segundo, continuando también una tradición representativa, adquirida a medida que se consumaba la desaparición de las autoridades civiles romanas, por las jerarquías eclesiásticas. En esta función imperativa y de control residía la participación ofrecida a los hispanos en el momento de proceder a la unión de los dos pueblos por el mejor de los caminos posibles, el de la fusión religiosa.

El gran problema que semejante medida comportaba era, en definitiva, el del rol asignado a la Iglesia en su tarea civil. En la medida en que se identificaba poder de los hispanorromanos con poder eclesiástico, el papel de la Iglesia adquiría proporciones descomunales. Y, como ha señalado con agudeza Thompson, "ese dramático aumento del poder de los obispos en la legislación civil trajo consigo un sustancial aumento de influencia de los hispanorromanos en el gobierno del país; pues una mayoría de los obispos eran en este momento romanos, y lo fueron también durante el resto de la historia visigoda".

Asimismo, hasta el final de su historia, este procedimiento -confirmación por decisión real del canon conciliar-, continuó siendo una práctica visigoda.



...* En depósito. Propiedad del Museo Nacional del Prado

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.................. Wolfgang Amadeus Mozart / 1779................................. .Inicio
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domingo, 11 de julio de 2010

- HÉROES DE NUESTRO TIEMPO / Los Tercios de Sudáfrica / La Rendición de Breda / 1635 / Barroco español / Escuela sevillana / Museo Nacional del Prado
La rendición de Breda ........................ ........... Diego_Rodríguez_de_Silva .y_Velázquez..
1635 / Óleo sobre lienzo / 307 x 367 cm..
Barroco_ español_ / _Escuela. sevillana..
Museo. Nacional
. del. Prado../ .Madrid..



Con dos gotas de sangre y un rayo de sol...
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Pero, ¿quién fue quien dijo que después de la gesta de Mühlberg no caería rendida a nuestros pies Breda, dicho con todo respeto? : )

Sí, hoy España, que para esta ocasión ha cambiado las lanzas por el balón Jabulani, de nuevo ha vuelto a hacer Historia, de la que nos gusta recordar, gracias a los Tercios de Sudáfrica...


Gracias Íker, Albiol, Piqué, Marchena, Puyol, Iniesta, Villa, Xavi Hernández, Torres, Cesc, Capdevila, Valdés, Mata, Xavi Alonso, Ramos, Busquets, Arbeloa, Pedro, Llorente, Javi Martínez, David Silva, Navas, Reina y don Vicente... por todos los buenos ratos que nos habéis hecho pasar a los sufridos españolitos de nuestros días durante las últimas semanas. Lo vuestro sí que es "Arte e Historia de España" en estado puro. Va por vosotros, pues, este humilde y sentido homenaje que, aprovechando la ocasión, hago extensivo a mi padre quien, desde la Gloria, junto a mi madre, todos los béticos buenos y demás españoles de bien que han sido, seguro llora, como yo, de alegría por vuestro triunfo.

¡Enhorabuena y, repito, muchas gracias por esa bocanada de aire fresco, por el optimismo y la alegria con que habéis inundado todos los rincones de nuestro viejo y querido país, justo cuando más necesitados estab
ámos! ¡Gracias...!

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......... K'naan & David Bisbal / 2010 ............................................ .Inicio
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sábado, 10 de julio de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos / Recaredo y las revueltas anteriores al III Concilio de Toledo

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.. Recaredo..............................

Juan
. de. León. /. 1750.......
Palacio Real.de Madrid
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Recaredo (II): Las revueltas anteriores al III Concilio de Toledo

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De algún modo y a pesar de los triunfos militares iniciales que protagonizó allende los Pirineos contra Gontrán siendo aún consorte, victorias que no en vano le prestigiaron y catapultaron sin discusión al trono, Recaredo heredaba la hostilidad franca en la Septimania, permanente foco de tensión, dada la lejanía de dicho territorio respecto a Toledo, capital del Reino. Así, apenas instalado el nuevo monarca en el poder, el duque Desiderio organiza un nuevo ataque a la recién recuperada Carcasona, revuelta que contribuyó a mantener vivo el fuego de la discordia francogoda , pero que finalizó con la muerte del rebelde ante las murallas de la ciudad.

El problema, sin embargo, se complicaría poco después en virtud de la terquedad de Gontrán, pues la buena voluntad de Recaredo, en efecto, queda demostrada cuando, a instancias de su madrastra, Goswintha, con quien se había reconciliado, envía mensajeros a aquél y a Childeberto pidiendo a ambos el establecimiento entre francos y visigodos de una paz duradera que pusiera término a aquel perenne batallar.

Mas la reacción de Gontrán estuvo muy lejos de ser la esperada, pues éste se negó en rotundo a recibir a los emisarios y, sin respiro, cerró las fronteras de la Septimania con el Reino Franco, lo cual se asemejaba mucho a una implícita declaración de guerra. Es por ello por lo que, a pesar de que no era la guerra sino la paz lo que anhelaba de Recaredo, fracasada su política de concordia, los visigodos se vieron obligados a traspasar, de nuevo victariosamente, los límites del Reino.

Sin embargo y una vez superada la crisis, Recaredo, que no se rinde, insiste y, con la meta de alcanzar la armonía entre ambos pueblos definitivamente, vuelve en seguida a la carga, una vez más, por cauces diplomáticos.

Convertido al catolicismo diez meses después de morir Leovigildo -hecho, de momento, mantenido en secreto, como se apuntaba en la anterior entrega-, Recaredo, en la idea de que semejante acontecimiento redefiniría necesariamente los perfiles del problema con los francos, lo comunica a Childeberto y Gontrán a través de una nueva embajada.

En esas circunstancias Childeberto se mostró partidario de la negociación, reconociendo de entrada la nula culpabilidad de Recaredo en la muerte de su hermana Ingundis. El monarca visigodo por su parte ofrecía además 10.000 escudos y su promesa de casarse con Clodosinda -hermana asimismo del rey franco- a cambio de la paz. Tanto Childeberto como Brunegilda, su celosa y ambiciosa madre, aceptaban los términos del trato, pero dejaron la decisión final, como no podía ser de otro modo, en manos de Gontrán, quien, sin embargo, se negó, una vez más, a cimentar la alianza, aduciendo esta vez que no podía correr el riesgo de enviar a Clodosinda al mismo país en que Ingundis había sido asesinada.

Todos los esfuerzos de Recaredo por lograr la paz con sus tercos adversarios del norte, pues, fueron vanos. La tensión con los francos, de la cual van a derivarse en los años posteriores dramáticos testimonios, persistía, mientras que, por otro lado, su renuncia a la fe arriana abría nuevos frentes, esta vez, internos.

Y es que, a pesar del secretismo con que se llevó a cabo, la filtración del abrazo al catolicismo por parte de Recaredo debió ser casi automática, por cuanto entre el mismo y la celebración del III Concilio de Toledo se suceden un buen numero conspiraciones por parte, como no podía ser de otro modo, de los obispos arrianos.

Se tiene cumplida noticia de tres de ellas, protagonizadas, respectivamente, por Sunna -traído a colación ya con anterioridad-, Uldila y Athaloc, localizándose la de este último en la problemática Septimania.

Santa María del Trampal / Arquitectura visigótica / Siglo VII / Alcuéscar / Cáceres .

De Sunna, obispo arriano de Emerita -Mérida-, se posee una información fidedigna gracias a la Vida de los Santos Padres de Mérida, fuente de suma utilidad para el conocimiento del período. En dicha crónica queda registrada su activa participación en las revueltas:

Sunna, convenció a algunos godos de noble cuna y grandes riquezas... y separó, a ellos y a una gran multitud de fieles, de las filas de los católicos y del seno de la Iglesia Católica y les instigó a tomar parte en la conspiración.

Conspiración, con centro en la Lusitania, obviamente, a la que se unieron como instigadores fundamentales los condes godos Legga y Wagirla y cuyo fin residía, claro está, en acabar con la vida de Recaredo.

Pero traicionada la conspiración por Witerico -futuro rey de Hispania-, Claudio, dux de Lusitania, no tuvo ninguna dificultad en hacer volver las aguas a su cauce. Wagirla fue capturado y perdonado generosamente por el obispo católico de Mérida. Legga, el otro civil de la conspiración, fue desterrado a la Galia franca, tras amputarle las manos, signo inequívoco de que hubo intención, por parte de los conspiradores, de convertirle en monarca. La suerte de Sunna fue semejante: Recaredo, en principio, intentó concederle el perdón a cambio de su conversión al catolicismo, pero ante su negativa fue desterrado, yendo a parar a Mauritania.

La segunda revuelta documentada que se produce tiene lugar en la Septimania apenas es comunicada por Recaredo a los francos la noticia de su conversión, y , al igual que ocurrió en la Lusitana, es protagonizada por un obispo, Athaloc, y dos condes godos, Granista y Urdigerno.

Los tres, sabedores de su hostilidad hacia Recaredo, solicitaron ayuda a Gontrán, quien no tardó en prestársela, de modo que, según los cronistas, llegaron hasta ellos en su auxilio "una infinita multitud de francos". Claudio, una vez más, fue el encargado de desbaratar los planes de los rebeldes, dejando de nuevo semipacificada la siempre conflictiva y problemática Septimania, donde, como se ve, Gontrán hacía cuanto estaba de su mano, religión al margen, por mantener avivado el fuego de la discordia.

Por último, meses antes de la inauguración solemne del Concilio en Toledo, Recaredo ha de salir al paso de un nuevo escollo, cuyo foco tiene lugar, en esta ocasión, dentro de la propia Familia Real. En efecto, es Goswintha, su madrastra, quien, tras llegar a una conciliación con Recaredo, aceptando momentánea y cínicamente el catolicismo, se rebela contra el Monarca, intentando, junto al obispo arriano Uldila, su destronamiento.

El fracaso de esta última tentativa, que condujo a Uldila al exilio y a Goswintha a la muerte -no se sabe, eso sí, en qué circunstancias- deja expedito el paso de Recaredo hacia el que será hecho decisivo de su reinado: el III Concilio de Toledo.

Con certeza se puede asegurar que en todas estas revueltas hubo un trasfondo material, en función, entre otras cosas, de que Recaredo restituyó a los obispos católicos perseguidos por su padre las iglesias y patrimonios que les habían sido arrebatados durante su reinado; lo cual no significa, conviene recalcarlo, más que lo que significa, pues las revueltas que se produjeron durante los primeros años del mandato del nuevo rey fueron auténticas maniobras políticas, tanto en la Septimania, como en la Lusitania, como en el caso protagonizado por Goswintha.

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Suena: Kyrie / Misa de la Coronación / Krönungsmesse

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....... Wolfgang Amadeus Mozart / 1779.................................. .Inicio
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martes, 6 de julio de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos / La conversión de Recaredo

- LA ANTIGÜEDAD / Los godos / Conversión de Recaredo / Antonio Muñoz i Degrain
Conversión de Recaredo* ............................... .................. Antonio Muñoz i Degrain_/_1887. .
Pintura de Historia / Eclecticismo. .
Óleo.sobre.lienzo_/_350.x.550 cm. .
Palacio__del._Senado_./_.Madrid. .


Recaredo (I)

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Leovigildo murió, según todos los indicios, al iniciarse la primavera del año 586. Recaredo, su hijo menor, le sucedió en el trono sin lucha alguna, inmediatamente después. San Isidoro de Sevilla habla en su Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum en estos términos de la sucesión:

En la era DCXXIIII, en el año tercero del imperio de Mauricio, muerto Leovigildo, fue coronado rey su hijo Recaredo, quien, tranquilamente, recoge el cetro de su reino...

La expresión empleada por San Isidoro para describir el relevo, "cum tranquilitate", es, si comparamos éste con los que le precedieron, harto elocuente.

No debió, pues, existir ningún problema para la transmisión del poder; primero, por la fuerza con que Leovigildo había atado a las instituciones -léase nobleza-, y, en segundo lugar, por las virtudes que el propio Recaredo acrisolaba, virtudes demostradas, como ya vimos, en su victoriosa campaña
de la Septimania contra los francos .

El mismo San Isidoro añade a continuación un elogioso retrato del nuevo monarca:


Estaba dotado de un gran respeto a la religión y era muy distinto de su padre en costumbres, pues el padre era irreligioso y muy inclinado a la guerra; él era piadoso por la fe y preclaro por la paz; aquél dilataba el imperio de su nación con el empleo de las armas, éste iba a engrandecerlo más gloriosamente con el trofeo de la fe.


El panegírico del sabio obispo hispalense, del "nuevo Salomón", como no en vano le denominara el papa San Gregorio Magno, es, no cabe duda, interesado por mor de la conversión de Recaredo al catolicismo.

En parecidos términos se expresa el Biclarense -igualmente católico- cuando alude a la era de Recaredo como un período de unificación espiritual para Hispania -"ad unitatem et pacem"-. Pero esa paz, no fue, ni mucho menos, el leitmotiv del reinado, en el cual las sublevaciones y revueltas se suceden, como veremos, de una manera casi sistemática, sobre todo a partir de la celebración del III Concilio de Toledo, clave para que se produzca esa unificación espiritual a la que alude Juan de Biclara en su crónica.

Durará el reinado de Recaredo en Hispania quince años, desde mayo de 586, hasta diciembre de 601; años durante los cuales el país, efectivamente, entra en una nueva era, consolidado el Estado, planificada la unidad y, a partir de los últimos, rota la discordia.
Del fracaso de Leovigildo, que en busca de la cohesión interna del Reino de Toledo incentivó económicamente el paso de la mayoría católica al arrianismo, aprendió la lección su hijo y heredero Recaredo. Él ensayaría, pues, la vía del catolicismo como medio para concertar la Hispania goda. De este modo, con motivo de la celebración III Concilio de Toledo, que tuvo lugar en 589, haría pública su renuncia y la de su familia a la fe arriana, y ordenaría el bautismo del pueblo godo pese a las reticencias morales mostradas por buena parte del mismo y las presiones derivadas de las revueltas nobiliarias.
Imposta visigótica / Iglesia de Santa María de Quintanilla de las Viñas / Burgos . . . .
Cristo.aparece.representado como astro rey y flanqueado por dos . . . .
ángeles,--imagen-que- advierte-de-la-pervivencia-de-vestigios-de . . . .
paganismo -como el culto al Sol- en la sociedad cristiana visigoda . . . .



La secreta conversión al catolicismo de Recaredo
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Sin embargo, Recaredo no hubo de esperar hasta la celebración del III Concilio de Toledo para abrazar la fe de Nicea. Tan sólo diez meses después de morir Leovigildo, a juzgar por todos los hechos posteriores que se sucedieron, el flamante monarca se convertía al catolicismo. Así nos lo cuenta San Isidoro de Sevilla:

Desde el comienzo mismo de su reinado, Recaredo se convirtió, en efecto, a la fe católica y llevó al culto de la verdadera fe a toda la nación gótica, borrando así la mancha de un error enraizado.
Seguidamente reunió un sínodo de obispos de las diferentes provincias de Hispania y de la Galia para condenar la herejía arriana. A este concilio asistió el propio religiosísimo príncipe, y con su presencia y su suscripción confirmó sus actas. Con todos los suyos abdicó de la perfidia que, hasta entonces, había aprendido el pueblo de los godos de las enseñanzas de Arrio, profesando que en Dios hay unidad de tres personas, que el Hijo ha sido engendrado consustancialmente por el Padre, que el Espíritu Santo procede conjuntamente del Padre y del Hijo, que ambos no tienen más que un espíritu y, por consiguiente, no son más que uno. / Historia de regibus Gothorum, Vandalorum et Suevorum

Algunos historiadores defienden que con esta medida Recaredo no hizo otra cosa que seguir las directrices trazadas por su padre, quien, antes de fallecer, le aconsejaría con vehemencia la conversión como medida políticamente necesaria.

Por otra parte, se carece de datos acerca de las motivaciones reales que impulsaron al Rey a tomar aquella trascendental decisión, es decir, en qué medida influyó en la misma su propio convencimiento religioso y qué papel desempeñaron los razonamientos o racionalizaciones de índole pública.

Con todo, no cabe dudar sobre la instrumentalización del factor religioso. El problema en realidad consistiría en dilucidar con certeza quién instrumentalizó a quién, si la Iglesia al Estado o éste a aquélla...

Sea como fuere, lo cierto es que el Rey mantuvo en secreto su conversión, al entender éste que la publicidad inmediata de la misma no podía ser sino disfuncional. Entre la consumación del hecho y su reconocimiento público en el III Concilio de Toledo median más de dos años, desde febrero de 587, hasta mayo de 589. Durante ese tiempo Recaredo tiene que salir al paso de una serie continuada de rebeliones y, al mismo tiempo, mentalizar al clero arriano sobre la conveniencia de un cambio de fe. Son, pues, dos años tensos, que transcurren en medio de un clima enrarecido y con espasmos violentos ante la inminencia de la unificación religiosa.

Tres reuniones, al parecer, hubo de celebrar el nuevo monarca godo con los arrianos previas a la convocatoria del magno y decisivo Concilio General de 589. Cada una de ellas tuvo un carácter distinto, aunque las tres están envueltas dentro de un proceso general tendente a racionalizar el cambio y a propiciar que se llevara a cabo de la forma menos traumática posible, dato que da cuenta del tono precavido, prudente, que acrisoló Recaredo en aquella hora de tránsito cargada de dificultades.

Así, a la primera de ellas convocó el Rey a todos los obispos arrianos, a quienes explicó los motivos que le hacían creer en la verdad de su nueva fe, instándoles a recapacitar sobre ello y a que sofocaran sus dudas -lógicas- mediante el diálogo. De aquél diálogo, pensaba el Rey, habría de nacer su natural convencimiento.

Y fue él mismo quien lo provocó en una segunda reunión, esta vez de carácter mixto. A instancias de Recaredo se dieron cita los obispos de ambas religiones: allí el Rey expuso la superioridad del catolicismo, basándose, entre otras cosas, en que ningún obispo arriano había logrado, al contrario que los católicos, la curación de un sólo ciego.

Cuál fue el resultado de estas dos reuniones conciliadoras es algo que sólo se puede dilucidar a través de datos indirectos, que, en cualquier caso, a juzgar por la conflictividad reinante en todo el país, no debieron ser todo lo favorables que el Rey hubiera deseado.

Hubo, por último, una tercera reunión -esta vez sólo entre obispos católicos- que sirvió a Recaredo sobre todo para reafirmarse en la fe de Nicea y en los planes unificadores que ya con seguridad albergaba en su ánimo...

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.... * .En la escena aparecen representados, de derecha a izquierda, Recaredo, Badda, esposa de éste, y San
.... * .Leandro de Sevilla

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Suena: Kyrie / Misa de la Coronación / Krönungsmesse

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