viernes, 22 de enero de 2010

- LA ANTIGÜEDAD / Hispania


Hispania ...... ....... .. .. .........
Munigua / Sevilla / Siglo Il d. C.
Museo Arqueológico de Sevilla .





La organización durante el Alto Imperio: fantasía bética
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Para la península Ibérica el período del Alto Imperio fue una época de mutación y de aculturación, en una palabra, de romanización.

Durante el mismo las élites hispánicas participaron en la expansión de la ciudad y contribuyeron al éxito de fórmulas de autonomía local derivadas de modelos romanos adaptadas a la lenta difusión de la ciudadanía romana. Justamente la originalidad de la organización romana consistió en delegar una parte de las responsabilidades de gobierno a las élites municipales, mientras el poder central se alzaba como árbitro de la competición por los honores y la integración de los provinciales.





La ciudad hispana
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Para el emperador Hispania era una expresión geográfica y administrativa. Su división en tres circunscripciones provinciales obedecía a necesidades gubernamentales. Políticamente, Roma sólo reconocía a las comunidades y a las élites sociales ligadas a ellas. Las ciudades se presentaban como entidades autónomas capaces de gobernarse a imagen del pueblo romano. Según Plinio el Viejo la Bética contaba con 175 ciudades, la Lusitania con 45 y la Tarraconense con 179, de las que dependían otros 293 centros, lo que supone un total de 399 ciudades autónomas.

A excepción de las grandes aglomeraciones, las ciudades eran de dimensiones modestas, oscilando su población entre los 1.000 y los 2.000 habitantes. Ahora bien, cada una de estas ciudades era el centro de pequeñas aglomeraciones y de una población rural dispersa; en total, ello suponía unos 10.000 habitantes de estatuto libre por cada ciudad, lo que da una cifra aproximada de 4.000.000 de habitantes para el conjunto de la Península, sin contar los extranjeros y los esclavos. En total, la población de esta podría situarse en torno a los 5.000.000 millones de habitantes.


Jurídicamente, las ciudades podían regirse por el derecho romano, que daba plena ciudadanía a sus habitantes, o por el derecho latino, que les concedía una ciudadanía limitada. Existían otros centros regidos por el derecho "extranjero", es decir, el derecho aplicado a los sometidos. A nivel político, el rango de las ciudades variaba según las vicisitudes de la conquista: podían ser colonias, municipios o ciudades indígenas libres, federadas o tributarias.

Se sorprendió Adriano de que los italicenses, así como los otros antiguos municipios, entre los que citó el de Utica, en vez de seguir viviendo según sus propias leyes y costumbres, pidiesen ser convertidos en colonias.

Aulio Gelio / Noctes Atticae

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Las oligarquías urbanas de Hispania aspiraban a mejorar su estatus político en el seno del
Imperio. Itálica, fundada en 206 a.C. conservó hasta mediados del siglo II d.C. sus propias leyes y órganos de gobierno. La ciudad no obtuvo el título de municipio hasta una época avanzada, probablemente con César. Cuando Adriano, nacido en ella, llegó a ser emperador, Itálica solicito el título de colonia. Adriano se sorprendió por esta demanda -recogida en su correspondencia- puesto que por entonces el título de colonia empezaba a ser más bien una carga. EI Emperador creía mas conveniente para la ciudad que conservase sus propias leyes y costumbres, pero accedió a la petición (123 d.C.). La oligarquía de la ciudad desarrolló un impresionante programa de construcciones públicas para mostrar la magnificencia de la nueva colonia. Sin embargo, algunas de estas obras no llegaron a terminarse: Itálica no las pudo costear a finales de siglo, en una época en la que ya se manifestaban los síntomas de la crisis que amenazaba al Imperio.



Anfiteatro de Itálica / Este soberbio recinto, que contaba con unas 25.000 plazas, es testimonio de florecimiento de la ciudad en época de Adriano, quien dedicó especial atención al embellecimiento de la misma.



Miliario
Itálica / Sevilla / 117-138 d.C.
Museo Arqueológico de Sevilla











Adriano, hijo adoptivo de Trajano, y como éste oriundo de Itálica, erigió este miliario. Ambos engrandecieron su ciudad natal, junto a la que, en su época, creció un nuevo núcleo urbano, la Nova Urbs.

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El régimen municipal
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La organización interna de la ciudad estaba en manos de un senado (ordo decuriorum), que se ocupaba de todas las cuestiones esenciales para la vida de la comunidad en materia de religión, derecho publico, finanzas, justicia, embajadas y concesión de honores. La jerarquía de los magistrados comprendía, por orden de importancia, los duunviros, los ediles y los cuestores. En principio, los cargos eran elegidos por el pueblo entre los decuriones. Los ciudadanos locales -populus- tenían poco poder, más alIá de la participación anual en las elecciones. A pesar de elIo, los notables no podían correr el riesgo de crear descontento entre el pueblo, por miedo a posibles revueltas. En este sentido, la regularidad y la abundancia del abastecimiento eran cuestiones respecto a las cuales la población era poco transigente.

(...) También se esforzaba, además, por tener noticias detalladas de los almacenes de vituallas del ejército, e inspeccionaba diligentemente las rentas de las provincias por si faltaba algo en algún sitio subsanar la deficiencia.

Historia Augusta / Adriano, 11,1

A pesar de que el evergetismo era el corolario obligatorio de los cargos municipales, las grandes obras monumentales -áreas de triunfo, teatros, anfiteatros, plazas, termas, acueductos, etc.- únicamente se erigían en ciudades ricas y políticamente importantes, como Tarraco, Itálica , Emerita, etc...




Campo y ciudad
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Isla Mayor / Sevilla.

La expansión del urbanismo implicaba un importante desarrollo de la agricultura. La paz romana facilitó una mejor explotación del suelo y la introducción de técnicas y prácticas itálicas, lo que probablemente trajo consigo un aumento de la superficie cultivada y el aumento de la producción, así como la extensión de nuevos cultivos como la vid y el olivo, además de una mejora de los rendimientos cerealísticos. La difusión de las villas (villae) permite apreciar la evolución de la agricultura. Estos centros de explotación agrícola aparecieron desde época republicana en el sur de la Lusitania, pero fue con posterioridad a Augusto cuando se extendieron por Cataluña, Levante y el valle del Ebro.

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Sepulcro de la familia Atilia / Sádaba / Zaragoza / Siglo II d.C.
Durante el alto imperio, el aumento de poder e influencia de la oligarquía hispanorromana en Hispania y en la propia Roma halló su correlato en los monumentos privados y públicos que erigió.

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Paradójicamente, su aparición en la Bética fue tardía, lo que se ha atribuido a diferentes causas: las vicisitudes de las guerras civiles, que afectaron especialmente a dicha provincia; el predomino de los asentamientos de veteranos, que dividieron las mejores tierras en pequeñas propiedades familiares, a la larga continuidad del sistema de explotación indígena. Durante la dinastía de los Flavios la villa se desarrolló en las regiones interiores y septentrionales. La prosperidad agrícola se benefició de la multiplicación de los intercambios comerciales y la apertura de circuitos interprovinciales.

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De entre los productos hispanos consumidos preferentemente en Roma destacaron el vino y el aceite. El vino layetano era conocido, aunque no muy alabado; su precoz comercio hacia el sur de la Galia afectó finalmente al propio mercado itálico, como destacan Plinio y Marcial. También los vinos de Lauro -Liria- o de Tarraco fueron consumidos en la capital.

Un caso un poco diferente fue el del aceite hispano, de origen bético en su mayor parte, que se exportó a Roma y al resto del Imperio a través de un tributo, la annona imperial. Su consumo en Roma ha quedado demostrado por el estudio del monte Testaccio, que, como indica su nombre, es una colina artificial formada entre los siglos I y III d.C. por fragmentos de envases cerámicos, procedentes sobre todo de la Bética y acumulados allí tras vaciar su contenido en los almacenes de Roma. Éste es un concluyente testimonio de la importancia del comercio del aceite en la economía imperial.

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Por entonces el artesanado conoció un nuevo auge. En las ciudades más romanizadas, los artesanos eran generalmente de origen servil o liberto. En cambio, en los centros más ruralizados, donde predominaba la población sin derecho de ciudadanía, los artesanos eran por lo general hombres libres. Los productos especializados, como las cerámicas de mesa, circulaban a través de comerciantes especializados. La producción artesanal de otros objetos no sobrepasaba el ámbito regional, y estaba estrechamente relacionada con los centros rurales y los mercados locales.

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Bomba de achicar agua de Ctesibio
Minas de Sotiel Coronado / Siglos I o II d.C.
Calañas / Huelva
Museo Arqueológico de Nacional / Madrid















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La riqueza en metales de la Península llevó a Roma a legislar todos los aspectos referentes a la actividad minera. Las minas, de propiedad estatal, se arrendaban a particulares. De época altoimperial -probablemente de tiempos de Adriano, aunque basada en una legislación anterior promulgada por los Flavios- se conserva en Aljustrel -Alentejo, Portugal- una ley de este tipo, la Lex Metalli Vipascensis, documento en bronce único en el Imperio. En ella se regulaban tanto aspectos técnicos de las explotaciones mineras -subasta de pozos, su apuntalamiento, las condiciones de los canales de conducción de aguas, etc.-, como cuestiones relativas a las personas y profesiones que tenían que ver con la explotación: banqueros, médicos, barberos, baños públicos, picadores, fundidores, etc. Se fijaban así tasas, derechos y obligaciones de los servicios que afectaban a los mineros, garantizando tanto el buen funcionamiento de la explotación como la obtención del máximo provecho tributario para el fisco imperial.





Los hispanos
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Antes que otras regiones del Imperio, Hispania albergó un importante contingente de ciudadanos romanos. En un primer momento, estas familias contribuyeron a la asimilación del modelo ciudadano. La integración completa de los indígenas se efectuó mediante la concesión de la ciudadanía romana de pleno derecho. No obstante, el estatuto ciudadano romano no era incompatible con el ejercicio de la ciudadanía local, independientemente del régimen jurídico de la comunidad de origen del individuo.

La ciudadanía romana implicaba la sumisión a los dioses romanos y al emperador reinante, el uso corriente del latín, la aceptación del derecho público y privado romano, el pago de ciertos impuestos, el servicio en las legiones y ciertas garantías judiciales, como el derecho a ser juzgado por tribunales especiales. Se cree que, en época de Augusto, los hispanos con ciudadanía romana representaban el 20 o el 25 % del total de la población peninsular.

Cada hispano consideraba su ciudad natal, su natio, como su verdadera patria, de la cual se sentía orgulloso y solidario. Las élites locales no surgieron únicamente de entre los indígenas que accedieron progresivamente a la ciudadanía: en las ciudades tempranamente romanizadas también aparecieron grupos de notables ambiciosos y competitivos, lo que explica el importante peso de los senadores de origen hispano en época de los Flavios y a inicios de dinastía de los Antoninos. Fueron estos grupos los que promovieron a Trajano y Adriano a la dignidad imperial.


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............ Sestercio con la efigie de Trajano, el primer emperador de origen provincial. 98-117 d.C.
............ Gabinete numismático de Cataluña / Gabinet Numismàtic de Catalunya / MNAC / Barcelona

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Andalucía es de cine

Paisajes de Andalucía

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Suena: Fantasía Bética I / Fantasía Bética II..

........... .......... Isaac Albéniz / 1919

6 comentarios :

Madame Minuet dijo...

O sea que consideraban su patria la ciudad de nacimiento? Ay don Jose, que a eso llegaremos otra vez, jijiji.
No estaba mal eso de ser ciudadano romano, no. No es sorprendente que la cosa cuajara tan bien. Menudo cambio! Y parece que muy bien organizado todo.

Monsieur, que hermosas imagenes ha utilizado para ilustrar su texto. Esos "mares verdes" de Cadiz y Sevilla son espectaculares.

Feliz fin de semana, don Jose

Bisous

Jose dijo...

Siempre ha sido así, madame, entre otras cosas como consecuencia de la diversidad geográfica y humana... Lo único que tiene de especial la situación actual es que el sentimiento de pertenencia a la patria chica, vamos, lo que viene a ser el aldeanismo atomizador..., se ha hecho peligrosamente excluyente, lo cual, como es obvio, nos empobrece...

Me alegra mucho que os hayan gustado las imágenes... La realidad, es aún mejor, doña Diana: a través de la fotografía no se perciben los aromas por ejemplo, de momento... : )

Dias complicados, señora. Esta noche me tendréis de nuevo de vuelta en casa. Hasta entonces, tened una muy feliz tarde.

Mil besos, mil...

José Luis Jorquera dijo...

Buenas José.
Muchas gracias por esos paisajes que nos regalas en las fotografías de tu pedazo de entrada. Me ha sorprendido la cantidad de ciudades que formaban parte de cada provincia hispana. Por cierto, sale perdiendo la Lusitania (supongo que será también por el tamaño). Entre tanto paisaje tan hermoso y documentación de tantas ciudades importantes...no sé....me dan ganas por un momento de ser un arqueólogo empedernido y sacar a la luz algún tesoro, en forma de ciudad perdida, que se encuentre por ahí escondida...je je.
Así que ya sabes, si en unos 10 años nos cansamos del actual curro..pues cogemos el pico y la pala....y una brújula y nos ponemos manos a la obra.

Bueno, José, en serio, que llevas un Enero en el que estás muy "sembrao" con las entradas que nos ofreces. Gracias de todo corazón. Ya sabes que sigo por aquí...je je.
UN ABRAZO COMPAÑERO

Jose dijo...

Hola, José Luis, ¿qué tal va todo, qué tal esas oposiciones? Espero que de vez en cuando te permitan darte un respiro y esas cosas...

Me alegra mucho que te hayan gustado las últimas entradas... Gracias a ti, en cualquier caso, por hacérmelo saber y, sobre todo, por tu compañía..., también por dejar constancia de ella..., porque continúes ahí...

En fin, en cuanto a lo que comentas de la Lusitania, supongo que el hecho de contar con un menor número de ciudades se debía, entre otras circunstancias, a la menor densidad de población que presentaba esta provincia. Ya sabes que, frente a ésta, el eje Ebro-Mediterráneo-Guadalquivir ha sido históricamente el más densamente habitado de la Península gracias a las óptimas condiciones de que goza desde la prehistoria.

En fin, chalval, lo dicho: gracias por tu apoyo y por tu presencia... Ojalá pronto también tú puedas retomar la actividad de tu blog, que se echa mucho de menos... Que no haya lugar a que tengamos que hacernos arqueólogos para gozar de tus fantásticas entradas, jejeje...

Que tengas una muy feliz velada, Jose, y un mejor, si cabe, arranque de semana.

Un fuerte abrazo.

Manuel dijo...

Hola José:
Vengo aqui aprender sobre la Historia de España. Como inmigrante la desconozco casi que al completo.
Impresinoantes fotos de verdad.

Pienso que todos consideramos la ciudad de nacimiento la patria chica.

Saludos

Jose dijo...

Manuel, me alegra mucho que te hayan gustado las fotos. Como comentaba a Madame Minuet, la realidad las supera.

En fin, muchas gracias por elegir mi humilde espacio para ponerte un poco al corriente de nuestra historia. De algún modo, precisamente, su finalidad es ésa, la de divulgarla a grandes rasgos entre quienes la desconocen, principalmente entre los no nacidos en España.

Que tengas una muy leve y fructífera jornada.

Buenos días.

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