jueves, 4 de noviembre de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos


Jueves, 4 de noviembre de 2010
Puerta Nueva de Bisagra1/ 1547 / Renacimiento / Toledo






RECAREDO

Significación y últimos años del reinado



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La conversión al catolicismo no sólo supuso -como ya se ha ido indicando de un modo disperso a lo largo de las últimas entradas- la unificación religiosa del Reino y, en consecuencia, su consolidación institucional. Late bajo ese cambio un hecho de decisiva importancia: la romanización radical que, a partir de entonces, se opera en todos los ámbitos de la vida cotidiana del Estado hispanogodo.

Las mores, los usos colectivos, sufren, a partir del 589, una trascendental mutación, dando lugar a la práctica desaparición de los hábitos ancestrales que los godos habían acumulado y conservado desde los épicos tiempos en que cruzaron Europa en busca de un lugar en el que echar raíces. En este sentido, la investigación arqueológica ha puesto de relieve, por ejemplo, como desde el reinado de Recaredo se extingue el uso de la antigua indumentaria goda, que es sustituida por la hispanorromana; o que la corte sufre un proceso de transformación externa absolutamente radical, tanto en cuanto a la pompa, como al ceremonial y los usos cortesanos en sí, evolución generalizada y sin vuelta atrás que va calando paulatinamente en todas las capas de la población de origen germánico.



Prácticamente, a partir de entonces puede decirse que en Hispania comienza a habitar un solo pueblo: tal es el gran paso adelante -o atrás, según se quiera mirar- que el reinado de Recaredo supone, legado que, a pesar de los esfuerzos por diluirlo desplegados por algún monarca posterior -como Witerico-, tiene perfiles de irreversible.

La dirección del proceso de fusión no es, tal y como a menudo se nos ha hecho creer, desde los godos hacia los romanos, sino al contrario, desde los romanos hacia los godos. Ortega, por ejemplo, olvida de una manera excesivamente simplista el factor hispanorromano en su diagnóstico del período en "La España invertebrada":


Los germanos conquistadores no se funden con los autóctonos vencidos, en un mismo plano, horizontalmente, sino verticalmente. Podrán recibir influjos del vencido, como los recibieron de la disciplina romana; pero en lo esencial son ellos quienes imponen su estilo social a la masa sometida; son el poder plasmante y organizador; son la forma, mientras los autóctonos son la materia. Son el ingrediente decisivo; son los que deciden.


La romanización supera la germanización, aunque esta última estuviera presente desde años atrás por mor de la decadencia imperial. En este sentido afirma Vicens Vives:


Los teóricos dominados fueron los que gracias a su superior coherencia social, su efectiva fuerza económica y su concreto acervo cultural, dibujaron los trazos más característicos de la organización y la civilización del pueblo dominador, pequeña minoría, dispersa en un mar de varios millones de hispanos…


La conquista de la catolicidad no es, por decirlo de algún modo, de hecho, sino un elemento más de la romanización a que se ve sometido el Estado hispanogodo.


Con todo, la división, ya señalada con anterioridad, entre poder rector y poder inspector -en principio nítida, luego cada vez más borrosa- parece definitiva como explicación del tono que vertebra la fusión de ambos pueblos. Recaredo fue, en ese sentido, un monarca sumamente lúcido. No despojó a los godos de apenas ninguna de las opciones políticas que siempre mantuvieron, pero les rebajó su capacidad de maniobra, colocándoles un mecanismo de control organizacional hispanorromano que, automáticamente, les regulaba:
la superestructura eclesiástica y, desde ella, el aparato burocrático. Así sentó las bases para la existencia de una sola nacionalidad sobre el territorio, fenómeno, sin duda, de importancia decisiva.
Panorámica del Paseo de Recaredo de Toledo desde la Vega Baja / El monumento del rey visigodo que presta su nombre a estos jardínes, casi inapreciable desde esta distancia, se asoma desde, aproximadamente, el centro de la fotografía, así como la Puerta del Cambrón, que ya vimos en su día, que lo hace por la derecha de la misma.


Las postrimerías del reinado




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La última década del reinado de Recaredo se vio sonreída, a diferencia del primer lustro, por una ostensible paz interior. No se conoce, desde la revuelta de Argimundo, ningún nuevo intento por destronar a Recaredo; tampoco se tienen noticias acerca de luchas fronterizas con la provincia bizantina ni, por último, de escaramuzas significativas en el siempre conflictivo limes vasco-cantábrico.

Se tiene constancia, por el contrario, del celo de Recaredo en relación a los asuntos eclesiásticos y su constante preocupación por mantener viva la pureza de las costumbres tanto entre el clero como entre los laicos; así como que en cuanto a la política antijudía -heredada de la legislación de Alarico y refrendada, como ya vimos en anteriores entradas, en el III Concilio de Toledo-, ésta prosiguió de forma ininterrumpida, como lo atestiguan los datos que se poseen relativos a los distintos sínodos provinciales celebrados entre el 590 y el 601.

Pocos monarcas obtuvieron juicios tan favorables de los cronistas, e incluso del propio Papa. Y ello es lógico por cuanto, conviene no olvidarlo, las crónicas de la España goda, -concretamente, de la España de Recaredo, el monarca que dio el gran paso adelante de fusionar los dos elementos demográficos esenciales del territorio hispano sobre la base del Credo de Nicea, esto es, sobre la base del concilio que convocara el emperador Constantino en 325, el primero de los ecuménicos y aquel en que se condenó a Arrio y se reafirmó la consustancialidad del Hijo y el Padre-, las de San Gregorio de Tours, San Isidoro de Sevilla, Juan de Bíclara, o la Vida de los obispos emeritenses, etc., están escritas por católicos.

En 590, Recaredo escribe al Papa:

Tres años se pasaron sin cumplir su deseo, a causa de los negocios del Reino.

A lo que responde San Gregorio el Grande en una misiva harto elogiosa para con su gestión en pro de la Iglesia católica:


¿Que diré yo en el tremendo día al Juez Supremo, cuando me presente con las manos vacías y tú aparezcas conduciendo toda una grey de fieles que por ti han alcanzado la verdadera fe?

Por su parte, San Isidoro de Sevilla no puede por menos que elogiar con palabras encendidas a Recaredo:

Era de un natural amable, pacifico y bondadoso, y tal el imperio de su dulzura sobre los corazones, que sus mismos enemigos no podían resistir al atractivo que les arrastraba hacia él; liberal hasta el extremo, restituyó a sus propietarios los bienes que les había confiscado su padre. Sus riquezas eran de los pobres tanto como suyas, porque sabía que no había recibido el poder sino para hacer buen uso de él y para merecer un fin dichoso por medio de las buenas obras.
Río Tajo, a su paso por el Puente de San Martín, límite sur del Paseo de Recaredo / Siglo XIV

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1.- Trazada por Alonso de Covarrubias, se localiza en el extremo norte del Paseo de Recaredo de
1.- la ciudad de Toledo.


HOY SUENA

Wolfgang Amadeus Mozart / 1779

Sanctus y Benedictus

Misa de la Coronación / Krönungsmesse


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miércoles, 27 de octubre de 2010

LA ANTIGÜEDAD / Los godos


Miércoles, 27 de octubre de 2010




Recaredo y otros asistentes al III Concilio de Toledo Códice Albeldense / 976 d.C. / Miniatura / Página 145 Biblioteca del Real Sitio de San Lorenzo de El Escorial




RECAREDO

La reacción arriana



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Pensar que, en virtud del III Concilio de Toledo, la conversión al catolicismo fue total e inmediata entre la población goda es una absoluta ingenuidad. Muy al contrario, y lógicamente, fueron muchos los que defendieron su fe antes y después del año 589.

De hecho, según consta en las actas conciliares, sólo ocho obispos arrianos -cuatro godos y cuatro suevos- abjuraron de su religión durante el transcurso de la Asamblea toledana. Y aunque junto a ellos lo hiciera un gran número de clérigos, amén de los más destacados nobles godos, lo cierto es que quedaba aún por recorrer un largo trecho hasta lograr la auténtica y sincera unificación religiosa dentro del Reino.

En este sentido, como ha señalado Thompson, resulta sorprendente y aún paradójico, comprobar como, siendo el reinado de Recaredo el que casi con seguridad arroja mayor índice de revueltas y rebeliones internas del período, éstas tienen un carácter marcadamente privado, y, por consiguiente, fueron de fácil solución.


La rebelión de Argimundo

Mientras el ortodoxo (rey) Recaredo reinaba en paz y quietud, acechanzas domésticas se levantaron contra él. En efecto, uno de sus cubicularios y duque de una provincia, de nombre Argimundo, deseaba, en contra del rey Recaredo, asumir la tiranía de modo tal de quitarle el reino y la vida, si fuera posible. Sin embargo, una vez descubiertos sus nefandos propósitos, fue preso y encadenado y luego de una investigación, sus cómplices confesaron la impía maquinación y murieron con castigo proporcionado a sus culpas. Argimundo, el cual deseaba llegar al reino, primero fue interrogado a latigazos, luego vergonzosamente decalvado y por fin le fue amputada la mano derecha y sirvió de escarmiento a todos en la ciudad de Toledo paseado en el lomo de un asno con burlona solemnidad, mostrando (así) que los siervos no deben ser arrogantes con sus señores.




Algunos nobles y obispos, en efecto, se levantaron contra Recaredo -tal es el caso, en el mismo 589, de la rebelión de Argimundo, que, como las anteriores, fue desbaratada sin demasiada dificultades-; pero, como de nuevo apunta Thompson, "el grueso de la población goda parece haberse desentendido y haber aceptado el nuevo orden de cosas con una protesta tan débil que podemos preguntarnos nuevamente si muchos de ellos no se habrían convertido al catolicismo antes del 589".

La hipótesis no es, desde luego, en modo alguno descabellada, entre otras cuestiones, porque llama poderosamente la atención el ínfimo índice de conflictividad abierta generado por una decisión tan sustancial como la adoptada por Recaredo en 589.

En cualquier caso, conviene no soslayarlo, el Monarca fue rápido y drástico en sus decisiones represivas contra los posibles focos de arrianismo. Apenas finalizado el Concilio, inicia la quema de los textos arrianos, y, poco a poco, va minando con severas medida legislativas -entre las que destaca la prohibición de ejercer cargos públicos a aquellos que no hicieran pública renuncia de su fe anterior- cualquier posibilidad de compaginar poder político y religión no católica.

Así pues, el arrianismo quedo organizativamente desmantelado con gran rapidez y no tuvo apenas posibilidad de resurgir desde sus cenizas.

Recaredo, en suma, cuidó celosamente de que su decisión estuviera desde el principio acompañada por los mecanismos capaces de convertirla en realidad, resultando en ese sentido el trauma bastante soportable para la estructura del Reino.


HOY SUENA

Samuel Osborne Barber

Agnus Dei

1937


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viernes, 22 de octubre de 2010

miércoles, 20 de octubre de 2010

ESPÍRITUS FRATERNOS / Los hilos de la memoria

La exposición, abierta esta semana en Nuevo México, Estados Unidos
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Armas de la Luisiana

Diseño de 1786 de la bandera del Regimiento Fijo de Infantería de la Luisiana. Archivo General de Indias. Sevilla





Las huellas de una herencia olvidada

Fernanda Muslera



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La exposición «Los hilos de la memoria», abierta esta semana en Nuevo México, Estados Unidos, recupera la importancia de la influencia española en Norteamérica

Mucho antes de que Buffalo Bill se convirtiera en una celebridad, de que Toro Sentado derrotara a los «blancos» comandados por el General Custer o de que Robert Ford asesinara a Jesse James por un puñado de dólares, los españoles ya habían combatido contra sioux, apaches y comanches y se habían adentrado 3.000 kilómetros, a través de desiertos y cañones hasta arribar a Nuevo México. Aquellos pioneros llegaron a controlar 17 estados, casi las tres cuartas partes del territorio que posteriormente se daría en llamar los Estados Unidos de América.

The United Colonies. Four dollars

1776 / Archivo General de Indias / Sevilla


En español están escritas las primeras crónicas que hablan de su geografía, economía y costumbres. Sin embargo, poco es lo que se conoce de aquellos 309 años de historia compartida, que comenzó en 1513 con la llegada de Juan Ponce de León a las costas de Florida y terminó en 1822. Recuperar la importancia y el alcance de la herencia española en Norteamérica es el objetivo de la exposición «El hilo de la memoria: España y los Estados Unidos» que se abrió el sábado en el «New Mexico History Museum» de Santa Fé (Nuevo México), y viajará con posterioridad a El Paso (Texas) y Nueva Orleans (Luisiana).

Fuerte de San Agustín de la Florida

Plano de 1595 / Archivo General de Indias / Sevilla


Los españoles «han dejado su importante impronta en la cultura, la historia y la vida de Estados Unidos», comentó el embajador del país en España, Alan D. Solomont, en la presentación de la exposición, llevada a cabo en su residencia.

La comisaria de la exposición, Falia González Díaz, del Archivo General de Indias de Sevilla, destacó la importancia de la muestra ya que gran parte de los americanos desconoce el pasado hispano y es «injustamente olvidada en los libros de historia la colaboración de España en la independencia de Estados Unidos».

La vida en la Nueva Francia

Dibujo que representa una escena de la vida cotidiana de los indios de los territorios del actual Canadá en 1703 Archivo General de Indias. Sevilla























Solomot recordó que Estados Unidos tiene mayor número de hispanohablantes que España (48 millones de personas, un 15,8% de la población). Destacó, además, sentirse «conmovido» tras su reciente visita a la base española en Afganistán ya que ésta lleva el nombre de Bernardo de Gálvez, militar malagueño que luchó junto a Washington en la Guerra de la Independencia Americana.


Carta de George Washington

La misiva, que contiene la firma autógrafa del primer presidente de los EE.UU., estaba dirigida a los jefes, capitanes y guerreros de la nación Chocktaw / Archivo General de Indias / Sevilla


La muestra expone 138 documentos originales, entre ellos una carta de George Washington, un informe sobre el pionero Daniel Boone, un mapa del Golfo de México, de 1519, y otro del río Mississippi, de 1699; la cesión de Luisana firmada por Napoleón Bonaparte y una carta autógrafa de Ponce de León informando de su descubrimiento de la «isla de Florida» (el expedicionario llegó a la península buscando la fuente de la eterna juventud, creencia muy extendida en aquella época). También se exponen una ilustración de 1598 de un bisonte (animal cuyo aspecto sorprendió a los españoles, que lo llamaron «vaca corcovada»), así como dibujos de la vida cotidiana de los indios, diario de expediciones, etcétera.

Bisonte americano

Dibujo de 1598 / Archivo General de Indias / Sevilla

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George Washington

Giuseppe Perovani / 1796 / Óleo sobre lienzo / 220 x 145 cm / Real Academia de Bellas Artes de San Fernando / Madrid
























España, la madre patria



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Una de las piezas destacadas en la muestra será el retrato de George Washington del artista italiano Josef Perovani, cedido en préstamo por la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando, que representa la conmemoración de la firma del Tratado de San Lorenzo (o tratado de amistad, límites y navegación), que ambas naciones firmaron en 1795. El gobernador de Nuevo México, Bill Richardson, se mostró satisfecho porque la exposición se haya inaugurado el 16 de octubre, el día que la capital del estado que gobierna, Santa Fé, cumple 400 años. «La exposición sirve —añadió— para que los americanos tengamos una mejor comprensión de cómo los españoles nos ayudaron a definirnos como país. Para nosotros, España es la madre patria».

Húsares de Texas

Diseño de uniformes de 1804 / Archivo General de Indias / Sevilla


Se trata de una exposición que intentará recuperar las huellas de una herencia menospreciada, oculta tras el estigma de la leyenda negra, ese discurso descalificador que ha atravesado la historia nacional durante cinco siglos. La particular lucha entre «cowboys» e indios, «civilización y barbarie», que con tanto éxito recreara el cine de Hollywood, no hizo más que reafirmar el legado anglosajón en detrimento del español. Anglosajón y blanco, porque es sabido que gran parte de los vaqueros no eran caras pálidas al estilo John Wayne o Gary Cooper, sino afroamericanos, como Nate Love, uno de los «cowboys» más célebres de aquella época. Como dicen, «el western es el único género cinematográfico que consiguió escribir la historia en lugar de recrearla».

Soldado de cuera

Diseño del uniforme de las Fuerzas de Caballería que guarnecían las fronteras de las provincias internas de Nueva España / Archivo General de Indias. Sevilla


La muestra, que ya se exhibió con anterioridad en Sevilla, está organizada por la Sociedad Estatal para la Acción Cultural Exterior (Seacex), el Ministerio de Cultura y el Museo de Historia de Nuevo México y cuenta con la colaboración de las Embajadas de Estados Unidos en España y de España en Estados Unidos.



HOY SUENA

A siolo flasiquiyo / Juan Gutiérrez de Padilla / México / Siglo XVII

Nueva España

La Capella Reial de Catalunya / Archivo de la Catedral de Puebla


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lunes, 18 de octubre de 2010

- ESPÍRITUS FRATERNOS / Pintura de los reinos / En pocos días se abrirá al público en el Museo del Prado y el Palacio Real de Madrid la gran exposición "Pintura d elos Reinos"
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En pocos días se abrirá al público en el Museo del Prado y el Palacio Real de Madrid la gran exposición «Pintura de los Reinos. Identidades compartidas en el mundo hispánico», que reunirá una importante muestra del arte de los virreinatos americanos y de la Corona de los siglos XVI y XVII / En la imagen, Monumento y Puerta de Velázquez del Museo del Prado





Cuando el arte español era el mundo

Ana Grau



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Jonathan Brown nos recibe en su despacho del Instituto de Bellas Artes de Nueva York. Este despacho parece el de un bibliotecario en apuros, que ya no sabe dónde meterse él con sus muchos libros, a la vez que mira con respeto y sin confianza un ordenador que misteriosamente ha ido a parar a su mesa. Luego nos confesará que no lo usa.

—Pero qué me dice, si yo tengo e-mails mandados por usted…


—Ese es casi el límite de mis capacidades, créame. Cuando tengo que navegar por este mundo tan raro, pido ayuda a mis estudiantes.


Pero no sólo para eso. De algún modo Brown también se ha inspirado en ellos para pulir el concepto de la exposición
«Pintura de los Reinos», de la que es comisario. Y lo es con mucha ambición. Pues «Pintura de los Reinos» no pretende ser una mera exhibición de arte de los virreinatos, lo cual ya tendría mérito, pues muchas de las 125 piezas que se exhiben son inéditas en España. Lo importante es cómo estas pinturas vertebran la primera mirada global al primer arte global de la Historia: el del imperio español del XVI y el XVII.

Fue el primer arte global porque sus confines abarcaban desde Amberes hasta Cuzco pasando por Sevilla, Ciudad de México y Manila. Pero sobre todo lo fue por la energía con que en todas estas terminales imperiales el arte europeo se recargaba, reinterpretaba y transformaba, agitando una constante batidora cultural. Algo sólo igualado por el mundo instantáneamente globalizado de hoy.


Brown nos recuerda que académicamente se ha tendido a estudiar la historia del arte a través de escuelas nacionales muy rígidas, «cuando estas escuelas no existieron como tales hasta el siglo XIX, después de las guerras napoleónicas. Y las fronteras que conocemos hoy no se fijaron con seguridad hasta después de la Primera Guerra Mundial». Entonces, ¿tenemos todos en la cabeza un mapa artístico histórico distorsionado? Según Brown, mucho.


De ahí su simpatía por la visión de los jóvenes estudiantes de arte, más capaces de trascender estas estrecheces y de pensar a lo grande y en términos de globalización artística, y de comprender entonces cómo funcionaba el arte español e hispánico en el siglo XVII. «A los jóvenes de hoy no les interesa pensar en términos de centro y de periferia, lo que les interesa estudiar es el intercambio, la mezcla, la transferencia de ideas, de objetos y de imágenes», concluye. Esa es también la prioridad de esta exposición, que busca establecer mapas más culturales que políticos.


Una intuye que en esta visión hay algo de alta diplomacia. Después de todo, no deja de haber cierta ironía en que para conmemorar el bicentenario de los movimientos de independencia de las repúblicas iberoamericanas se organice una exposición de arte imperial español. ¿No pecan de cierta incorrección política?

En la génesis de esta exposición han colaborado las máximas instituciones españolas y mexicanas y las obras viajarán a Ciudad de México después de presentarse en Madrid. Brown define este esfuerzo como «un gran regalo para los españoles, que en general no son conscientes del inmenso potencial de creación cultural que tuvo España durante ese período». La muestra incide en dos aspectos clave: en cómo la cultura española se expande por las Américas, plantando allí la pica del arte europeo, y como una vez en el Nuevo Mundo revela una capacidad de adaptación extraordinaria, una enorme elasticidad recreadora.¿Cuál es la clave de esta elasticidad? Se ve en la exposición. Denos una pista a los que todavía no la hemos visto… (Yo vivo en Nueva York).


Brown se ríe y se lanza a una apasionada, casi glotona descripción, de cómo llegaban cada año a España los galeones de Manila cargados de objetos de lujo de China y de Japón, intercambiados por la plata española. Estos objetos luego viajaban a América, sobre todo a México, y allí tenían un impacto enorme e inmediato. Propagando por ejemplo formas artísticas como el biombo o los enconchados, que eran una adaptación de las composiciones japonesas.


«Luego tenemos la aparición de iconografías americanas originales para acomodar el fervor mariano, por ejemplo la Virgen de Guadalupe. Es un constante sincretismo artístico», se extasía Brown. Si el arte español del XVI y el XVII es en muchas ocasiones un reflejo del poder, con el que mantiene mucha cercanía, en los virreinatos americanos la jerarquía clave no es tanto la del virrey, que con suerte duraba cuatro años, como en el estamento eclesiástico. La Iglesia Católica es el centro de gravedad del poder y del arte.


Pero no lo es por igual en todas partes. «En Perú los cultos y culturas originales se las arreglan para sobrevivir, para solaparse con los que llegan de Europa, de un modo como no sucederá en Nueva España. Se establecen paralelos entre la religiosidad cristiana y los dioses incas. Entonces allí tienes todas estas interesantes fuerzas en tensión», concluye Brown.


«Mi mensaje a los españoles que visiten esta exposición sería: que vayan con la mente abierta, esta es una extensión de vuestra cultura, una parte vital de la historia española, de cuando España fue, no sólo una superpotencia mundial, sino una gigantesca batidora cultural, un crisol de influencias, de Amberes a Potosí», se empieza a despedir Brown. Él cree que el modelo conceptual de esta exposición dejará huella, pues resulta igualmente sugestivo para analizar «situaciones imperiales», como la que llevó a Segovia, Nimes e Inglaterra los acueductos romanos que jamás se construyeron en Roma.


—Hemos elegido España porque…


—…porque usted siempre elige España, ya lo sé.


Es mi hogar intelectual, remata con sencillez. Y con toda una vida de orgullo.


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HOY SUENA

Hoy descubre la grandeza / Cancionero Musical de Gaspar Fernandes

Nueva España

Siglo XVII / Archivo de la Catedral de Oaxaca / México


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