sábado, 27 de noviembre de 2010

CENTENARIO DEL NACIMIENTO DE UNA REINA


Sábado, 27 de noviembre de 2010
Retrato de Su Alteza Real Doña María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias y Orleáns, Condesa de Barcelona, por Ricardo Macarrón Jaime
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S.A.R. Doña María de las Mercedes, Condesa de Barcelona
...... Ricardo Macarrón Jaime_/_1971.
Óleo sobre lienzo./.116 x 89 cm.




CENTENARIO DE LA REINA DE LOS OJOS TRISTES

Santiago Castelo



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Este año coinciden una serie de fechas en torno a la figura de Doña María de las Mercedes de Borbón y Orleáns, Condesa de Barcelona, esposa que fue de Don Juan de Borbón y madre del Rey Don Juan Carlos: centenario de su nacimiento, 75 aniversario de su boda y diez años de su muerte. Vamos, pues, a glosar, aunque sea brevemente, la historia de esta mujer singular que pasó de puntillas por la Historia y cuya labor, sin embargo, es tan decisiva que a veces me pregunto si no son ellas –estas figuras de segundo orden- las que hacen la auténtica y verdadera historia. Porque lo que sí es cierto es que ellas son las que marcan la pauta de los aconteceres de cada día, que determinan, luego, los actos solemnes y transcendentes que son los que pasan a los libros y que –ignorantes- desconocen a los verdaderos artífices de la historia real.

Los muchachos que en los años sesenta y setenta del pasado siglo acudíamos clandestinamente a ver al Rey en el exilio de Estoril sentíamos un cariño especial por Doña María de las Mercedes de Borbón, a la que todos llamábamos la Reina María. Ella nos veía como a unos críos, más jóvenes que sus hijos y nos trataba de manera cariñosa y maternal, preguntándonos siempre por nuestros estudios y teniendo para cada uno de nosotros unas palabras de afecto y ternura que se hacían más entrañables al venir acompañadas de aquella mirada azul en cuyos ojos bellísimos reinaba una tristeza infinita.


No oculto la devoción que todos sentíamos hacía Don Juan, el Rey Juan III de las generosidades y los sacrificios. Creo que todos los que hemos tenido la suerte de conocerle, tratarle y servirle, nunca –por muchos años que vivamos- nunca, insisto, podremos olvidar a nuestro viejo Rey que tantas y tan sencillas y tan magníficas lecciones de patriotismo, de entrega, de lealtad y de renuncias, nos daba cada día aún en las cosas más pequeñas. Hoy, al cabo de los años, su figura se agranda en la memoria y mientras, con todo honor, su nombre se ha colocado en el lugar que le correspondía en la Historia de España, a los que fuimos sus fieles nos queda el orgullo y la satisfacción de haber trabajado junto a uno de los personajes más impresionantes y admirables de todos los tiempos.


Palacio de San Telmo, actualmente, sede de la Presidencia de la Junta de Andalucía / Barroco sevillano / Siglo XVII

Doña María era madrileña de nacimiento y sevillana de corazón. Como escribió Alfonso Ussía, "de no haber nacido hija de un Infante de España, de ser la esposa de un Rey en la sombra, y la madre del Rey, Doña María habría sido campo y bullicio, rociera antigua, trianera del alma. Madrileña, sí, pero sevillana siempre". Por decir sevillanía hasta el nombre llevaba de la que fuera Reina Mercedes, la malograda mujer de Alfonso XII, la niña del palacio de San Telmo de los romances y coplas populares.

Si hay un periódico que cuidó la imagen de Doña María a lo lago de toda su vida, ese es ABC. En los años buenos y en los malos. Ella fue protagonista indirecta de uno de los más graves enfrentamientos de ABC con el régimen republicano, tan sectario, pese a la buena prensa que ahora lo rodea. Fue con motivo de su boda en Roma, hace ahora, precisamente, setenta y cinco años.



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El 12 de octubre de 1935. Pese a las prohibiciones gubernamentales, cientos de españoles se trasladaron a Roma para asistir al enlace del entonces Príncipe de Asturias, Don Juan de Borbón, con su prima Doña María de las Mercedes. (¡Qué discurso el de Pemán la noche antes!). Cuando llegaron las fotos a la Redacción de ABC, el Gobierno de la República impidió su publicación en portada. Y ABC sacó su célebre "Este número está visado por la censura", portada tan escandalosa que al día siguiente el Gobierno reconsideró la medida y aprobó la foto del enlace.


Era un pulso diario. Luego, los otros enfrentamientos de ABC. Ahora, en Sevilla, en plena guerra civil, con las autoridades franquistas, y en medio de la batalla del Ebro, cuando nació en el exilio de Roma su hijo varón Don Juan Carlos y ABC se atrevió a sacarla en portada; así, hasta los actos más sencillos e intrascendentes que ella protagonizó.

La recuerdo en el hotel Alfonso XIII de Sevilla presidiendo los actos del cincuentenario del ABC hispalense. Era el mes de octubre de 1979. Todavía no estaba baldada por la artrosis y se movía por todos los rincones, interesándose por los detalles más nimios y a la vez más entrañables. Años más tarde recibió de manos del Patrón Guillermo Luca de Tena el título de "Andaluza del año" en un almuerzo celebrado en la casa de la Real Maestranza de Sevilla. Sevilla, siempre Sevilla. O la visita última que hizo a la Casa de ABC, en Madrid, en julio de 1992. Siempre también ABC.

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Estatua ecuestre de Doña María de las Mercedes ante el .........
Palacio_de_la_Real Maestranza de Caballería de Sevilla .........

La osteoporosis y un desgraciado accidente la llevó a una silla de ruedas. Pero, brava siempre, en lugar de asustarse y arredrarse, siguió haciendo su vida normal en las más diversas obras sociales, asistiendo a las obras de teatro, en las corridas de toros, en los actos académicos... Le gustaba el cariño con el que la rodeaba el pueblo español, su pueblo.

Curiosamente, Doña María, pese a tantos años de exilio, no perdió nunca ni el gracejo ni la sutil ironía de esa Sevilla que sin ser su cuna era como un faro de su sentimentalidad. Cuando, ya instalados en España, después de más de cuarenta años de destierro, con su hijo reinante, Doña María, convertida para las nuevas generaciones en "la madre del Rey", se dedicó a viajar y a empaparse de esa España que durante tantos años se le había hurtado. Y a saborear y gozar sobradamente de la luz y del embrujo de Sevilla. ¡Cómo disfrutó en la boda de su nieta, la Infanta Elena, en la catedral hispalense, y cómo a ella la aclamaba el pueblo llamándola "Bética"! Cuando llegaba a la capital andaluza lo primero que hacía era ir a la iglesia del Salvador y allí, en la cripta, rezar ante la tumba de sus padres. Luego, lo mismo se iba a los toros en la Maestranza –a ser posible a ver a Curro Romero y decirle lo de siempre: "a ver cómo te portas"- que a comprar unas yemas de San Leandro que a postrarse ante el Señor de Pasión, que a cenar en un ventorrillo...

Iglesia Colegial del Divino Salvador / Barroco sevillano / Siglo XVII.

Fue una mujer admirable, prudente, delicada, abnegada compañera de todas las amarguras de su marido, que compartió sin rechistar. Hubo momentos en que las campañas orquestadas contra ellos fueron de una crueldad desmedida. Doña María asumió todas esas angustias en silencio, sabiendo su papel de sombra, mitigando dolores, cauterizando heridas, buscando moderación y serenidades.

A veces se la acusó de que ser más madre que Reina; pero vistas las cosas desde esta atalaya del tiempo, gracias a su inteligencia, a su equilibrio y a su prudencia las dificilísimas situaciones que se presentaron pudieron solucionarse de manera tan precisa como asombrosa. En aquel terrible verano de 1969, cuando su hijo fue nombrado sucesor por Franco, a título de Rey, y daba la impresión de que la unión de la Familia Real podía saltar por los aires, la figura de Doña María, siempre tan en segundo plano, tan discreta y callada, casi tan indefensa, fue más que nunca la de Doña María la Brava. Hay una frase que se dijo entonces y que yo jamás me he atrevido a confirmar. Fue dirigida a su hijo en aquellos angustiosos momentos: "Tú sigue adelante. De tu padre me encargo yo".

Sufrió dolores tremendos, como la muerte de su hijo Alfonsito y se mantuvo siempre con un sentido del deber que impresionaba. Sentía pasión por sus hijos. Sabía atemperar, allanar los caminos, quitar asperezas. Por Don Juan Carlos tenía auténtica debilidad. Después de tan largo camino de amarguras, los últimos años de su vida los vivió rodeada del cariño y de la gratitud de todos. La Reina María del exilio de Estoril se había convertido en esa abuela adorable que iba a los toros o a los teatros con una toca sobre los hombros –"no es que sea friolera, es que nunca he dejado de tener frío"- y unos cojines de croché que ella misma había hecho. El pueblo la vitoreaba los quince de agosto al llegar a la madrileña iglesia de la Paloma o al aparecer en el palco real en Las Ventas. Se la veía auténticamente feliz. Recuerdo que el domingo que murió en Lanzarote, rodeada de toda su familia, fue el 2 de enero del año 2000. El Evangelio de aquel día hablaba de las cosas que María, la Virgen, guardaba en su corazón. Y aquel domingo pensé –y pienso ahora- en el desarrollo que ha conseguido España bajo la Monarquía de todos.
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.................... ...................................... .Don Juan de Borbón .y. Doña María de las Mercedes de Borbón-Dos Sicilias,..
.................... ........................................... Reyes de España en el exilio durante la dictadura del general Franco, ante
.................... ............. .............................. el retrato_de_ S.M._ el_Rey_Don_Alfonso_XIII,_ fallecido_en_Roma_en_1941.

Porque muchas cosas, muchas, de las que ahora nos gloriamos han sido posible gracias a la abnegación y al sacrificio de aquel Juan III que nunca reinó pero que legó a su hijo una Institución impecablemente democrática y a las sencillas y claras decisiones de esta Doña María silenciosa que guardaba tantos secretos en su corazón.

Publicado por don Santiago Castelo en su blog, "Historia revivida", el pasado 5 de octubre



VARIAS EFEMÉRIDES Y UNA HISTORIA REAL





























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HOY SUENA

Concierto de Aranjuez / Joaquín Rodrígo / 1939

Adagio

John Williams desde el Real Alcázar de Sevilla


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lunes, 22 de noviembre de 2010

XXXV ANIVERSARIO DE LA PROCLAMACIÓN DEL REY


Lunes, 22 de noviembre de 2010

Sus Majestades los Reyes de España, Doña Sofía y Don Juan Carlos .... / Ricardo Macarrón / 1976.



LA MARAVILLOSA INNOVACIÓN MONÁRQUICA

Hugh Thomas



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La primera vez que vi a Don Juan Carlos fue en enero de 1975. Él todavía era Príncipe y Franco seguía vivo tras haberse recuperado, según todas las apariencias, de una grave enfermedad que había padecido el año anterior, cuando había transferido temporalmente el poder al Príncipe. Programé una entrevista en La Zarzuela y salí hacia las cuatro para asistir a la cita, prevista para las cinco. Al cabo de media hora el taxista me había llevado al Teatro de la Zarzuela de la calle Jovellanos, en el casco antiguo de Madrid, y no al palacio situado a las afueras. Me contuve y, con la ayuda de un mapa, dirigí el trayecto a lo largo de la carretera de La Coruña, donde vi que había una buena entrada a la auténtica Zarzuela. Pero al llegar allí me encontré con una verja que nunca llegó a abrirse. Nos dirigimos a toda prisa a la entrada principal mientras yo repetía una frase que creo que era de Luis XVIII: «La puntualidad es la educación de los reyes».

Llegué tres cuartos de hora tarde a mi cita. Don Juan Carlos no pudo ser más considerado. «Mire —me dijo—, tengo que irme a ver a Franco para hablar de un posible viaje que quiero realizar a China. Quédese aquí, charle con mi secretario particular y yo volveré en media hora». Y allí me quedé, y hablé con su secretario particular, que era muy inteligente, y el Príncipe regresó y me concedió una excelente entrevista.


La Guardia Real en formación recibe en la Plaza de la Armería a los nuevos embajadores extranjeros en nuestro país que acuden al Palacio Real de Madríd para presentar cartas credenciales a Su Majestad el Rey Don Juan Carlos

Le pregunté qué clase de Monarquía pensaba instaurar. «Una Monarquía muy moderna», me respondió, y así lo hizo. Nada de aquel viejo estilo cortesano que había dado al reinado del Rey Alfonso XIII un aire un tanto pomposo. Lo que hizo Don Juan Carlos fue implantar la Monarquía en noviembre de 1975, no como si fuese una restauración, sino algo bastante nuevo. Eso obedeció en parte a que él y Doña Sofía eran muy jóvenes en comparación con Franco y sus generales, que habían dominado España durante mucho tiempo. Pertenecían a una nueva generación. Franco había mantenido relación con personas jóvenes como Adolfo Suárez y también Fraga, quien por entonces tenía aún unos 40 años. Pero Don Juan Carlos pareció infundir un cambio muy refrescante a lo que parecía una institución bastante nueva, con la que la mayoría de los españoles nunca había tenido experiencia. De hecho, algunos viejos monárquicos mostraron su rechazo a la falta de ceremonia de Don Juan Carlos. Recuerdo que asistí a un congreso del partido de Fraga, creo que en Barcelona, y en la mesa a la que yo estaba sentado, los invitados criticaron muy duramente a Don Juan Carlos. Sus innovaciones les habían disgustado.


En cuanto Don Juan Carlos fue proclamado ante las Cortes y tuvo un Te Deum de acción de gracias, a la manera tradicional, en la iglesia de San Jerónimo el Real, se embarcó en los brillantes cambios que España necesitaba para convertirse en una democracia occidental. No es preciso detallarlos, pues son de sobra conocidos. Uno de los elementos esenciales del proceso que merece la pena recordar fue el denominado Pacto de la Moncloa, que relegó a la historia todas las discrepancias del pasado. No creo que esos cambios democráticos se hubieran podido materializar sin violencia de no ser por ese acuerdo.


Palacio de las Cortes / Congresos de los Diputados / ............. Neoclasicismo español / Narciso Pascual Colomer / Siglo XIX

Estos logros son los que afianzaron a Juan Carlos como Monarca. Fue un líder de máxima importancia en la instauración de la libertad y también de la Monarquía, una combinación que no siempre ha caracterizado a la vida monárquica. La restauración de la década de 1870 fue sobre todo una restauración de la dinastía, y no primordialmente de la libertad, aunque el Rey Alfonso XII fue benigno y útil. La de 1812 fue exactamente igual.

Desde la implantación de la libertad y de un pacto constitucional, Don Juan Carlos ha personificado otro aspecto importante de la política del país, y éste es que incluso la gente sofisticada e inteligente del siglo XXI desea un jefe simbólico que exprese y afirme su identidad. Los ingleses se alegran de tener dicha representación en la persona de la Reina. No existe ninguna lógica en el sentimiento de lealtad y afecto que la mayoría de la ciudadanía inglesa profesa a su actual Monarca. Pero no son solo las Fuerzas Armadas las que la consideran el gobernador supremo del Reino.


Como todos recordamos, la Monarquía fue hasta la Primera Guerra Mundial el sistema político dominante en todo el mundo. Algunas, como la austrohúngara, eran en efecto ancestrales. Otras, como la de Italia, se valieron de una antigua familia de la realeza, los Saboya, para dirigir la nación. Francia, el país más monárquico por naturaleza, había probado en el siglo XIX tres tipos de realeza: la bonapartista, la borbónica, cuyo principal linaje era eminentemente capetiano, y los Orleans. No estoy convencido de que éstas o, de hecho, ninguno de esos países hayan encontrado una sucesión adecuada a sus antiguas tradiciones. Hay un viejo chiste que cuenta que un hombre entró en una biblioteca pública de París y pidió una copia de la Constitución. «Lo lamento, señor —respondió el bibliotecario—, no guardamos periódicos».

Incluso Estados Unidos y México, al igual que otras presidencias de Latinoamérica, parecen sistemas monárquicos electos en los que todavía se advierten muchos de los símbolos de la realeza.


Palacio del Senado / Fachada neoclásica / ...............................----------................... Aníbal Álvarez Bouquel / Siglo XIX

Curiosamente, lo que falta en todos nuestros sistemas es el planteamiento bicéfalo que caracterizó a dos de los Gobiernos más importantes de la Antigüedad: Roma, liderada por sus dos cónsules, y Esparta, regida por sendos reyes. En la política, la verdadera innovación es algo asombrosamente inusual. De ahí que la casualidad de que en la Inglaterra medieval hubiera dos cámaras parlamentarias haya afectado al mundo de tal manera que nunca vemos una constitución tricameral.


Estoy divagando. En solo 35 años, Don Juan Carlos ha impuesto una verdadera innovación política de la máxima importancia. Los dictadores nunca pueden prever a sus sucesores, y Franco fue lo bastante inteligente como para darse cuenta de ello. Recuerdo que don Adolfo Suárez tuvo la valentía de advertirle de la probable desaparición de su sistema antes de que muriera. Un Rey puede crear una institución que sobrevivirá. Esto se ha hecho para bien de muchas generaciones de españoles, y también de sus vecinos europeos que tanto los admiran.


Carruaje de. gala_utilizado_por_los_nuevos_embajadores_que_acuden_al Palacio Real de Madrid .a_presentar_credenciales

En Inglaterra tenemos una preciosa poesía infantil:

Yo tenía un pequeño nogal

No daba fruto alguno

Salvo una nuez de plata

y una pera de oro.

La hija del Rey de España

vino a visitarme

y todo por mi pequeño nogal.


Confío en que la maravillosa innovación monárquica de Don Juan Carlos perdure al menos tanto como esa poesía, y que la pera de oro de la ecuación siga siendo la magnífica Constitución que Don Juan Carlos legará.

Hugh Thomas, historiador y barón de Swynnerton / ABC / Domingo, 21.XI.2010



ULTIMA RATIO

Ignacio Camacho



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Si elogiar al Rey es un ejercicio cortesano, vivimos en un país con muchos millones de pelotas, porque la Corona se mantiene desde hace años y con invariable fijeza demoscópica como la institución mejor valorada por los españoles, y Don Juan Carlos, como la figura más respetada por la opinión pública. No es poco mérito cuando los españoles tienden a considerar a la clase dirigente como uno de los principales problemas de la nación, y sobre todo no es un mérito casual ni sobrevenido; a su papel histórico como impulsor de la refundación democrática y a su providencial firmeza ante el golpe del 23-F, el Monarca ha sabido añadir una conducta de irreprochable y continua sintonía con los ciudadanos y un trabajo meticuloso y neutralísimo de mediación, arbitraje y referencia.


Aquel Juan Carlos el Breve pronosticado por Carrillo hace treinta y cinco años se ha sabido ganar la legitimidad de ejercicio día tras día. Ha estado a las duras y a las maduras, a las buenas y a las malas: no ha habido alegría común que no haya celebrado ni sufrimiento que no haya compartido. Con la experiencia de haber nacido en el exilio, su mayor virtud ha sido el conocimiento preciso de los errores que provocaron anteriores fracasos y la cuidadosa determinación de no repetirlos; convertido en el símbolo principal de la democracia supo volver juancarlistas a los que no lograban hacerse monárquicos.

Ciudad de las Artes y las Ciencias / Ciutat de les Arts y les Cncies / Valencia / València /Santiago Calatrava y Félix Candela

Aunque la memoria general sitúa en la noche del tejerazo el punto cardinal de consolidación de la Monarquía, el éxito de este reinado se basa en una decisión anterior mucho más determinante: la de renunciar a los poderes supremos que le había conferido el franquismo para alumbrar una Constitución normalizada que limita su papel a una función de representación simbólica. A partir de ahí se construyó el pacto de la Transición desde el protagonismo de la sociedad civil y política, que la Corona ha sabido acompañar con una respetuosa sensibilidad en la que se ha fundamentado su prestigio.

Centro Tecnológico de Palmas Altas - Abengoa /..................................................... Sir Richard Rogers / 2009 / Sevilla

El liderazgo del Rey consiste en una intangible moral que supera su estricto rol político; encarna el anhelo de concordia nacional por encima de partidos y tendencias y sabe promover los acuerdos en que se apoya la voluntad de convivencia. La crecida radical y el crispado distanciamiento que caracterizan el actual escenario político han estrechado su margen de acción práctica pero también han agrandado su condición referencial, su aura de moderación y mesura en medio de la turbulencia, la agitación y el sectarismo. Tres décadas y media después, cuando los españoles parecemos empeñados en cometer las equivocaciones de las que entonces nos supimos librar, la Corona permanece como ultima ratio, clave de bóveda del equilibrio del sistema y su mejor y más sólido activo.


Ignacio Camacho / Una raya en el agua / ABC / Domingo, 21 noviembre 2010

Cuatro Torres Business Area / Norman Foster / César Pelli / Rubio Carvajal / E. Álvarez-Sala Walker / Henry Cobb / Madrid


MISA DE LA PROCLAMACIÓN

27 de noviembre de 1975




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JUAN CARLOS I, REY CONSTITUCIONAL





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Felicidades y muchas gracias por todo, Señor


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HOY SUENA

Concierto de Aranjuez

Allegro con spirito

Joaquín Rodrígo / 1939


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viernes, 12 de noviembre de 2010

Paz y libertad para el Pueblo Saharaui (II)


Viernes, 12 de noviembre de 2010

Niños saharauis exiliados en los campos de refugiados del desierto, en la región de Tinduf, Argelia




LA REALPOLITIK, ESA NÁUSEA

Carlos Herrera



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La Realpolitik puede obligar a un gobierno a hacer cosas que, teóricamente, le repugnan, con tal de no perjudicar los intereses nacionales. Esa es la única razón por la que puede entenderse la posición meliflua y timorata del Gobierno de España en relación a los sucesos de El Aaiún, donde, como todos sabemos, las fuerzas militares marroquíes han entrado a saco al efecto de arrasar las reivindicaciones saharauis sobre su territorio y sus precarias condiciones de vida. ¿Qué es la Realpolitik?: un término acuñado a tenor de las políticas del alemán Metternich que viene a significar la primacía del interés práctico sobre la ética. Es la primacía de la política profesional sobre la ideológica. Así, antes que desarrollar los principios elementales sobre los que basa su ejecutoria cualquier gobierno con principios, la política exterior deberá verse primada por eso tan vaporoso —pero tan visualizable— como son los «intereses nacionales». Y ¿cuáles son los intereses nacionales en el caso del antiguo Sáhara Español? Gran pregunta.

Cuando Nixon, de la mano de Kissinger, abrió su capa y visitó la China de Mao, inauguró sin saberlo un camino que décadas después siguieron todas las potencias occidentales una vez la antigua y vetusta China Popular se transformó en un gigante industrial. Hoy no hay país —recientemente Francia y Gran Bretaña— que no elaboren estrategias de amistad y negocio con el gigante chino a las que no sacarle partido, dándole igual a cada uno de ellos la violación de derechos humanos o la represión política que se practiquen en esos territorios. Los intereses de Sarkozy y de Cameron pasan por equilibrar las balanzas exteriores con los chinos y si han de comerse la boca con los dueños del cortijo mandarín, lo harán. De hecho, lo acaban de hacer. Nosotros nos jugamos en el escenario marroquí no pocos aspectos de nuestra estabilidad. Si la pandilla de golfos que gobierna el país vecino decide hacernos la vida imposible, estaremos abocados a transitar por pequeños grandes gólgotas de los que será difícil salir. Si Marruecos abre la mano e impulsa la salida de pateras de su costa con destino a las nuestras nos veremos sorprendidos con el triple de inmigrantes ilegales a los que repatriar de la mejor manera. Si Marruecos decide presionar indecentemente Ceuta y Melilla deberemos emplear a fondo nuestras fuerzas defensivas para proteger dos plazas de soberanía española. Si Marruecos decide hacer la vida imposible a nuestros pesqueros nos encontraremos con un problema de aúpa en un sector estratégico de nuestra economía en el sur peninsular. Y si Marruecos se relaja en la vigilancia y control de las redes terroristas ligadas al islamismo radical de Al Qaeda no es necesario que les recuerde qué puede pasarnos. El precio es el Sáhara, factor de unidad clave para la política del Sultancito y sus trincones. El precio es mirar para otro lado. El precio es no abrir la boca. El precio es dar por perdidos los principios que alumbraron los españoles que vieron descolonizar a la fuerza y a toda prisa un territorio que era provincia española. El precio es dejar desasistidos a unos saharahuis que acabaron dándose cuenta de que sus enemigos no eran los españoles que se iban, sino los marroquíes que llegaban.


¿Qué haría usted si fuese presidente de Gobierno? Puede incendiarse de ira como cuando los israelíes atacan campamentos palestinos o puede silbar y mirar a Seúl y dar por perdidas algunas altas miras históricas con tal de que no le ensucien el patio de casa. Eso último es la Realpolitik. Un asco, pero es así.


EL Aaiún, capital del Sáhara

8 de noviembre de 2010




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